El día que ocurrió lo que más temía (y dejé de temerlo)

Una de las cosas que más he temido toda mi vida ha sido hacer el ridículo, ser humillada, dejada de lado, etc... #incondicionalmente #miedos #enfrentarse #superar #ridiculo #fortaleza #vulnerabilidad #vulnerable

Una de las cosas que más he temido toda mi vida ha sido hacer el ridículo, ser humillada, dejada de lado, etc…

Algo dolorosamente habitual en el colegio y en otras áreas de mi vida.

Es una de las razones por las que no termino de estar a gusto con “la masa”, el grupo. La responsabilidad se diluye y la mayoría de la gente se siente protegida, escudada y puede decir lo que se le antoje. Puede dejar a alguien de lado y no pensárselo dos veces porque no está solo. Y usa ese humor torpe para agredirte. Pero “es de coña“. Y si no te gusta es que no tienes sentido del humor, porque… ¿a quién en su sano juicio no le encanta que lo ridiculicen entre varios dejándolo completamente solo? Es curioso que para muchas personas esto sea la valentía. Hay una normalidad aceptada y transferida, que les hace sentirse protegidos por hacer mayoría.

Algo ha muerto dentro de mi cada vez que alguien me ha mirado por encima del hombro, ha hecho comentarios juiciosos y tajantes o simplemente, me ha dejado de lado. Porque me lo tomé como algo mío, como una reacción inevitable a mí, como si yo fuera algo desagradable de tener a la vista. Ha pasado mucho tiempo hasta que he entendido que esas cosas que otros dicen responden a su propia conversación interna y a cómo ven la vida en ese momento. Y el odio, si lo hay, es contra sí mismos. Ellos tenían el mismo miedo que yo o incluso más.

Un día ocurre lo que más temes…

Hace más de un mes fui a una boda donde varias personas con las que me llevaba aparentemente bien me hicieron el vacío. Y sí, soy introvertida, me tomo mi tiempo con los demás y odio estar en situaciones donde la gente cree demostrar algo menospreciándote. Pero siempre he sido esa que sigue con su cara de pocker aunque el de al lado este pisándole con la sonrisilla maliciosa.

Hay quien dirá que es paranoia, que me tomo las cosas muy a pecho o que no es más que envidia. Esta última, por cierto, nunca me ha parecido un gran argumento, porque ¿qué importancia tiene que el otro tenga una “excusa” si a mi me duele y es innecesario?

Yo sé qué pasó, nunca se me escapan estas cosas. No es que lea entre líneas imaginarias, es que soy altamente sensible, y lo que la mayoría cree que pasa desapercibido yo lo veo y lo siento. Ale, y así voy sacando cosas del armario…

No he venido a criticar a nadie, no tiene importancia lo que estas personas hacen o dejan de hacer, lo que importa es observar qué nos pasa por dentro cuando ocurre lo que más tememos.

Y llegó una revelación

Para mi sorpresa, cuando miré hacia dentro no encontré la familiar e incontrolable sensación de tristeza, de vergüenza y de odio contra mí.

¿Sabes qué sentí?

Me sentí agradecida y aliviada de que estuviera ocurriendo, orgullosa de poder abrazar aquella oportunidad como el billete de lotería ganador. Me sentí vulnerable, fuerte. Porque he entendido hace no tanto que vulnerabilidad es en realidad fortaleza.

Siempre he asumido que tenía que tenerlo todo bajo control, que reconocer que no sabes algo, que no puedes, era una debilidad, que te hacía vulnerable al mundo porque estabas diciendo que no valías lo suficiente. Y solo me ha servido para perder el tiempo, hacer lo que no me gustaba y preocuparme de cosas o personas poco importantes para mí.
Normalmente habría tratado de evadirme, de centrarme en otra cosa, de dar el pego, de hacerme la loca. Aquel día lo que me puso la sonrisa en la cara fue pensar:

¿Es esto todo lo que va a pasar?
¿Que cuatro personas que no me conocen de nada, que viven en una realidad reducida y se protegen en grupo me va a criticar a mis espaldas y desaprobar?

Entonces… vamos a muerte.

Me ha servido como actualización de donde estoy en mi vida. Ya no tiene sentido temer lo que piense nadie, ya sea mi primo, mi hermano, mi amiga, mis padres, mi pareja o un completo desconocido. El que no lo entienda pierde el tiempo despellejándome y debería dedicarse a lo que de verdad le importa, empezando quizás por saber quién es y porqué tiene tanto miedo a salirse de la norma social del lugar en el que vive.

Lo más valioso que me ha regalado este blog ha sido la oportunidad de salir aquí fuera y empezar a decir mis verdades. Reconozco que no me he tirado del todo a la piscina y que aún estoy debatiéndome internamente sobre el verdadero porqué de todo esto. No creo que sea una sorpresa para nadie que es una terapia para mí.

Sin rencor

No me queda sitio (y no hablo desde mi bondad infinita, ou llea!).

Solo deseo que ellos tengan la suerte de que la vida les pare los pies (sin venganza, lo juro) para que puedan descubrir el mundo y todas las posibilidades que tienen alrededor. Que no tienen que cumplir con el uniforme, ni con el patrón cultural, ni con la herencia familiar. Que pueden ser aceptados tal y como son: raros, como todos nosotros.

Y tú:

¿Qué es lo peor que puede pasar si nos enseñas tus cartas, si hablas de lo que es importante para ti o compartes lo que te hace sentirte viva?

Publicado en Blog Etiquetado con:
4 Comentarios en “El día que ocurrió lo que más temía (y dejé de temerlo)
  1. Caridad dice:

    ¡Hola! Me he sentido un poco identificada con tu post, también soy introvertida y muy sensible, me cuesta un poco demostrar como soy en realidad, y a veces pienso que siempre he sido un poco rara. Voy mucho a contracorriente de la gente que me rodea, y también he sufrido el que me diesen de lado, e incluso a mis más de cuarenta años todavía me duele, que algunas personas que dicen ser mis amigas, a la primera de cambio te digan bye-bye, no me interesas. Pero bueno también me siento cada día más fuerte y pienso que hay personas que no merecen tu amistad y sin embargo siempre encontrarás a otras personas que te aprecien tal y como eres. Un abrazo!!

    • Amelia Mirón dice:

      ¡Bienvenida Caridad!

      Me identifico mucho con lo que dices, es difícil sentirse la rara. Sobretodo cuando la gente alrededor parece ser homogénea, aunque no lo sea realmente. Pero es cierto que nuestro perfil no ha sido el más popular en la cultura occidental, al menos, hasta ahora no se ha apreciado del todo. La suerte es que algo está cambiando y están apareciendo movimientos de integración que exaltan lo que cada persona aporta. Los extrovertidos son dinámicos y mueven a la masa, los introvertidos reflexionan y profundizan más (por simplificarlo muchísimo) y en este mundo necesitamos de ambos. Lo mismo que las personas altamente sensibles.

      Últimamente pienso que si en lugar de haber tratado de encajar, me hubiera permitido ser lo más rara posible, o bueno, simplemente yo, habría encontrado a personas auténticas que me aceptaran de verdad. Habría sido mejor tener a dos personas maravillosas que a un montón que solo me apreciaban cuando cumplía con la norma. Ahora estoy dedicándome a encontrar a mi gente y cuanto más tiempo paso con ellos más a gusto estoy conmigo, porque me doy cuenta de que ser como yo soy no es un problema y muchas veces es hasta una suerte. Como tú dices ” siempre encontrarás a otras personas que te aprecien tal y como eres”.

      Muchas gracias por compartir tu camino Caridad

      ¡Un abrazo!

  2. Rut dice:

    Hola! Qué identificada me he sentido! uy…no lo sabes tú bien. Lo da boda, lo del vacío jejeje Yo también decidí un día que me daba igual y que prefería seguir adelante con lo mío y que cada uno aguante lo suyo. En la próxima boda seré más fuerte y me resbalará todo un poquito más 😉
    Un abrazo!

    • Amelia Mirón dice:

      ¡Hola Rut!

      Cómo me alegro que también hayas tomado ese camino. Con lo desagradable que es y sin embargo, tomas un poco de espacio y la perspectiva cambia.
      Seguro que sí, en la próxima iremos aún más a nuestra bola 😉

      ¡Un abrazo!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*