Sin pastel no hay plan

No voy a tratar de excusarme.

Este blog vuelve volvía ya (la semana pasada).

Todo iba según lo planeado. Planeado de una forma laxa, amable, sin presiones. Pero oye, iba como necesitaba ir.

Entonces, ya sabes, la vida ocurre.

Te encuentras con un pastel delante que aunque no quieras reconocer es tuyo y que, llegados ya hasta este punto, es absurdo no entrarle directamente y sin rodeos.

De primeras, ves que ya no tienes el pudor de antes, ahora ya sabes cómo funciona esto:

Nueva carga de mierda = Nueva oportunidad para resolver, entender, profundizar, crecer e incluso, claro que sí, curar.

 

Por eso ya voy casi sin miedo.

Entré, pasé dentro sin llamar ni anunciarme. Allí, detrás de todos los rollos mentales que me estaba contando, estaba, en un rótulo luminoso y lleno de telarañas, “mi verdad”.

Es extraño volver a ver algo que sabes, que lleva tantos años contigo y que, sin embargo, en este instante puedes ver desde un punto de vista muy diferente.

Podrías escribir las mismas conclusiones, con las mismas palabras, “ocurrió X, hice Y…”. Solo que esta vez hay un tono nuevo, un matiz que cambia por completo el color de todo lo que alumbra.

Entras en shock.

Una especie de depresión.

Todo, absolutamente todo, se vuelve negro y das vueltas de un lado a otro.

No estás perdida, no. Son esas emociones viejas que vienen de serie con la vieja herida abierta ante ti. Es tu cuerpo diciéndote, gritándote, que hagas algo ya, que esto sobra. Que no hace falta arrastrar este peso ni un milímetro más.

 

Ahora veo las opciones.

Antes quizás habría seguido adelante con el plan, en lucha hacia el mañana. Ahora veo que hay una bifurcación justo antes:

a) Puedo seguir con el plan: patada hacia adelante.

b) O puedo darme tiempo y espacio para meterle mano al pastel.

Ambas tienen sus pros y sus contras…

Seguir con el plan ahora es forzar para cumplirlo. El mayor pro es que mantengo mi palabra y la otra cara de la moneda es el contra: mantengo mi palabra pero a costa de extenuarme en un momento en el que estoy en carne viva.

Básicamente es no cuidarme y creer que lo que piensen los demás es más importante que estar bien, que evolucionar, que avanzar.

Parar, observar, dar tiempo y espacio sería la opción amable, la opción de quererse a una misma. Por eso sus pros están relacionados con felicidad, salud y el refuerzo de la intuición. Si sigo lo que el cuerpo me dice, cada vez me resultará más fácil detectar los mensajes y estar en equilibrio. Estaré diciéndole que sí a la brújula interna y la conexión crecerá.

Los contras son los miedos, todas las cosas catastróficas que mi mente dice que ocurrirán si alargo más esta pausa, pero, principalmente, el miedo a lo que piense otro.

 

Aún no sé nada.

Sé que todo este post suena a dar explicaciones. Pero no te he contado nada de lo que ha pasado, aún no. Y tampoco sé si lo haré. Aún no lo he procesado o actuado sobre ello para poder asimilarlo y escribir… o incluso publicarlo.

Este verano aprendí de Brené Brown que no debes poner ahí fuera nada que no hayas asimilado/procesado/curado. De lo contrario te expones a que otro que te lee te defina, te limite o te destroce.

Si ya lo has digerido, ya no importa quién diga qué. Eso no es más que su vida reflejada en ti. Pero cuando está todo blando y expuesto necesitas espacio y tiempo. Te necesitas a ti.

 

Mi propósito durante este año era es ser vulnerable.

Y para mí, ahora mismo, no hay nada más vulnerable que decirte aquí en zona de paso, que me voy a tomar un poco más de tiempo y espacio para lidiar con un problema personal, privado y muy incapacitante que he arrastrado demasiados años.

Podría haberme inventado cualquier historia para salir del paso pero ya no sería sincera, ya no sería vulnerable (recuerda, es lo mismo que valiente, que no cobarde, aunque no se sienta así muchas veces) y ya no puedo hacerlo así.

Estos dos años de blog en los que he publicado intermitentemente, he crecido y me he expandido de una forma descomunal. Lo sé ahora que miro atrás.

Pero también te he mareado un poco con altibajos que no terminaba de “dominar”. Por eso te pido disculpas, y además te pido paciencia.

Creo que merece la pena rodearse de personas que se muestran humanas y que están intentándolo.

Que cambian de opinión y que crecen por el camino.

Que no están tratando de ponerse máscaras, maquillajes o de controlarlo todo.

Que están haciendo lo posible, al ritmo necesario, por encontrar su camino a su autenticidad.

Creo que no hay nada más sostenible en este mundo, digan lo que digan las modas. Y es la mejor forma de darte un respiro, porque no pasa nada.

Si estás a gusto contigo en cualquier lugar, en cualquier momento: no necesitas comprar nada, no necesitas aparentar nada, no necesitas demostrar nada. Simplemente eres.

 

Mi plan para este blog seguirá su curso el año que viene, tras este paréntesis.

Y en el plan están colaboradores, entrevistas, reflexiones, inspiraciones y un camino más creativo.

No te voy a decir que estaré por instagram, o que nos vemos en la newsletter porque no me parece justo darme un tiempo a medias. Si estoy haciendo esto es para hacerlo en serio y completo. Si no, estoy otra vez mareando la perdiz. (Si me necesitas, mejor escríbeme un email).

Esto no es algo difícil que tengo que hacer, es una oportunidad que cojo con las dos manos.

 

Nos vemos el año que viene…

Te deseo todo lo mejor para estos dos meses que nos quedan.

Un abrazo <3

Ame

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4 Comentarios en “Sin pastel no hay plan
  1. Miguel Ángel dice:

    Hola Ame:

    Pienso lo mismo que tú, para sacar algo hacía fuera es mejor primero haberlo superado en nuestro interior y después, si crees que te va a venir bien para tu crecimiento personal, sacarlo hacía fuera.

    Cada cosa lleva su tiempo, así que tómate el tiempo que creas conveniente. Hagas lo que hagas está bien. Cuando veas que estás preparada será el momento.

    ¡Muchas suerte!

    Un abrazo

  2. Atreverse dice:

    Los altibajos son parte de la vida Ame. Quien no los entienda, quien no te entienda, no debería importarte. Sé que es fácil de decir y otra estar dentro. Lo sé demasiado bien, sobre todo si te has pasado por mi blog. Por lo que he leído, veo que hay una herida que no está cerrada y que de vez en cuando se abre. Tómate el tiempo que sea necesario. En serio. Sin culpas. Si vas con una herida abierta e intentando seguir un plan que te da ilusión de control (la vida no se puede controlar, eso nos cuesta de aceptar a los humanos, produce mucho miedo, es normal), al final te desangrarás por el camino y de nada de habrá servido haber “cumplido tu palabra”. Este ha sido mi gran problema, he sido capaz de ponerme enferma con tal de cumplir expectativas, de otros y las mías, de ser una persona cumplidora. Cuando mi cuerpo no cooperó más, ahí ni queriendo podía cumplir. He recibido mucho rechazo, gente diciéndome que tan poco cumplidora soy. He sentido mucha impotencia, pero al final, este año pasado algo hizo clic en mi cabeza. Primero yo. Soy cumplidora, pero si algo hace que cambien las circunstancias y no puedo cumplir, lo siento, primero yo. La gente que te quiere lo entenderá. Y la que no, pues buen momento para quitarte gente que sin tú saberlo te empuja a esa versión que te desgasta.

    Un BESAZO enorme y cuídate todo lo posible.

    • Amelia Mirón dice:

      ¡Muchísimas gracias!

      Sienta tan bien leer que alguien lo entiende hasta las comas y los puntos aparte… Creo que todo esto tiene demasiado que ver con simplemente “ser suficiente”, aquí y ahora.

      Mucho ánimo para ti también!
      Estás haciendo algo importante!

      Un besazo

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