Mi historia de bullying

Esta es la razón por la que empecé este blog hace dos años y medio.

Solo que no lo sabía.

Creía que iba a crear algo mezclando psicología con desarrollo personal. Sirviendo de alguna forma a personas como yo.
Me equivocaba 100%.

Vine aquí a hacerme terapia sin querer. De una forma caótica.

No hablar de lo que ocurre me ha tarado más de lo que creía. Por creer que si tenía esas cosas bien atadas estaban bajo control y no me podían hacer tanto daño.

Pero eso ha sido un delirio de mi mente.

Voy a hablarte de lo que el bullying ha hecho de mí.

Es mi historia, una historia por la que siento verdadera vergüenza.
Me hace sentirme en carne viva.

Cuando tenía 8 años me cambiaron de colegio.

En el anterior colegio yo no era ni popular ni impopular, era independiente, hacía lo que me apetecía y no iba siguiendo a nadie. Cuando quería me juntaba con algún grupito de niñas (porque el fútbol no me iba) pero me cansaba en seguida de seguir a la jefa de turno y me iba yo sola a los columpios a jugar con quien estuviera allí.

En el nuevo colegio, al principio fue bien, todo era nuevo. A mitad de curso empezaron a meterse conmigo, por la ropa, por no saber qué era “mouse”, por no acertar en qué decir en el momento oportuno.

Había claramente una élite de niños “guays”, otra de niños “neutros” y luego los que eran “inferiores”. A mí me metieron en esta última categoría. Pero no estaba sola, hice una amiga con la que correr por los recreos y pisar los charcos.

De alguna forma estar juntas nos protegía de aquella antipatía. Al año siguiente ella ya no estaba, se había ido a Valencia. Me quedé absolutamente sola.

La hostilidad fue aumentando. Ya tenía mote. Me cantaban canciones en el autobús ida y vuelta, en el recreo. Me robaban cosas, me pegaban, me insultaban, engañaban a los profesores para que me castigaran, se hacían mis amigos para sacarme cosas, me humillaban en cualquier momento y lugar. Cuando llegaba gente nueva a clase, sin haberme visto en la vida me insultaban también en el recreo, aleccionados por ellos. Me escondía en el patio, me avergonzaba de mí misma.

No podría decirte el número de bullies de mi clase, pero creo que debía ser la mitad más o menos. Vivía en alerta esperando que en cualquier esquina pasara cualquier cosa humillante. Esto se fue extendiendo al resto de áreas de mi vida y desconfié de todo el mundo. No me fiaba ni de mis padres, ni de mi hermano, ni de nadie. Ni siquiera de mí. Dudé de qué era real y qué no, me sentía como en el Show de Truman.

En aquella época no se le daba ninguna importancia.

Ni mis padres, ni los profesores, ni la psicóloga del colegio hicieron nada. Me etiquetaron de mediocre y vaga. Vaga porque tenía un CI demasiado alto para mis notas. Nunca llegué a repetir curso, pero siempre estuve muy cerca. Sobretodo a medida que pasaban los años. Una profesora bastante reconocida en el colegio me llegó a amenazar con pegarme porque una vez no pude más en una excursión y me puse a llorar mientras me insultaban y cantaban canciones en el autobús.

No era tonta, no era vaga, estaba aterrorizada. No dormía por las noches, me las pasaba imaginando que todo era diferente, o me dormía llorando. Es posible que eso me haya hecho una insomne de por vida, o al menos hasta el día de hoy.

Mi padre me dijo que eso le pasaba a todos los niños, y punto. Que yo tenía que sacar buenas notas, ese era mi trabajo.

Mi madre sólo decía que era envidia. Como si se pudiera hacer algo con ese “consejo/comentario/frase hecha que no significa nada de nada” y me metió en un grupo de adolescentes llevado por unos psicólogos rollo Gestalt-New Age para que me soltara. Lo dirigía el padre de uno de los bullies de mi clase que, por supuesto, también estaba allí. Así que yo trataba desesperadamente de no llamar la atención, de no abrir la boca, de no ser, de no molestar, de no dar pie a que nadie me ridiculizara. Era horrible. Yo no quería estar allí, ya tenía bastante con el colegio.

Imagínate cómo era mi relación con mis primos, imagina si era capaz de tener amigos fuera del colegio, o más bien si quería tenerlos. Lo cierto es que sí quería, pero había aprendido ya dinámicas muy chungas como comprar chuches para que estuvieran conmigo, ir detrás de las personas que me pisoteaban tratando de agradarles para que me quisieran, regalar mis cosas, no opinar, tener miles de líneas rojas para evitar que la otra persona me humillara y/o abandonara.

Llegué a muchas conclusiones desde muy joven.

Se fue acumulando un poso con todo lo que recibía desde fuera y recuerdo pensar que había unas normas no escritas que los demás conocían a la perfección y que yo era absolutamente incapaz de entender.

No llevaba gafas, no llevaba aparato, no estaba ni gorda ni flaca. Así que para mí, la única razón era yo entera.

Desde los 12 años más o menos tengo varias ideas fijas en la cabeza, que aún siguen conmigo a día de hoy. Conclusiones a las que llegué por todas estas experiencias: “soy una mierda”, “no le importo a nadie”, “todo el mundo me odia”, “hay algo en mí completamente repulsivo para el resto, es normal que me traten así”, “siempre estaré por debajo porque no valgo nada”.

No trato de pintarme como una víctima, quiero ser fiel a cómo han pasado las cosas y cómo las he sentido yo. Hubo una época en la que creí que la única forma de tener la atención de otros era dando pena, porque solo podía tener lástima de otros, no cariño o aprecio. Pero no me llevó muy lejos y conseguí quitármela de encima, quizás por evitar que me tacharan precisamente de ir de víctima.

Llegó el instituto.

Aquel colegio llegaba hasta COU, la preparación preuniversitaria. Para la época del instituto supongo que mis compañeros se sintieron más adultos y dejaron de insultarme directamente o de atacarme, pero me seguían rechazando y tratando con desprecio. Yo tenía ya asumido ese papel de suela de zapatos desde hacía años, creía de verdad que era mi sitio en el mundo o que el mundo no era para mí.

A los 16 años tuve una depresión. Al psicólogo del grupo que tenía asignado solo le interesaba que hiciera tests de inteligencia para echarme en cara que no estudiaba porque no quería. Todo eran técnicas de estudio y control policial. Una vez hasta hizo una sesión de terapia familiar y animó a mis padres y a mi hermano a decirme todas las cosas que hacía mal. Me dolía mucho todo aquello y al final siempre llegaba a la misma conclusión: “pues claro Amelia, si eres tú, ¿qué esperabas?”.

Mientras, yo vivía en constante taquicardia. Se me ponía el corazón en la boca cada vez que tenía que coger el teléfono, tanto para recibir una llamada como para hacerla a cualquier persona, fuera conocido o no, fuera de mi familia o no. Era pánico puro. Por la calle me tapaba con la carpeta y sin ella me sentía desnuda. Estaba siempre alerta. Siempre. Yo creo que si me cortara en un brazo debía salir solo cortisol (la hormona del estrés) porque ahora estoy segura de que entonces no tenía nada más en las venas.

Tuve varias humillaciones públicas en el pabellón de deportes, una supuesta amiga me dijo que tenía que poner cara de pocker. Me dediqué a ser un trozo de madera, mientras muchas veces me estaba dando un ataque de pánico o sentía como la laringe se iba cerrando y me pasaba poco aire, dolía una barbaridad. Como si llorase hacia dentro.

En mayo del último año (COU) iba directa a repetir curso. Me había pasado todas las tardes metida en mi habitación llorando, sintiendo cómo caía cada día más y más profundamente en un pozo oscuro. Juro que esa sensación era súper-real. En invierno, por las noches, cuando todos dormían me bajaba a la cocina, me sentaba en el suelo, detrás de la barra, con un cuchillo y sin dejar de llorar me lo apretaba contra la muñeca. No tenía valor.

El psicólogo me lo dijo: “tú no eres capaz de suicidarte” y pasó página, como si fuera capricho mío, como si estuviera montando un número para él, como si mintiera. Gran profesional. Yo lo entendí de nuevo como “no eres importante, tu dolor es insignificante”.

En los exámenes de suficiencia, antes de la selectividad, me saqué COU, entero. La única razón fue esta: si repetía tenía que seguir en aquél infierno de colegio y los que venían en el siguiente curso tampoco eran muy amigables. Creo que fue una respuesta de supervivencia total. Las notas me daban completamente igual, la selectividad lo mismo. No quería estar en ningún sitio. No quería ser nada.

No elegí carrera, la eligió un test de preferencias profesionales. La primera opción era artística pero yo no podía hacer lo que yo quisiera. Si fuera otra persona… pero yo era una basurilla, ¿cómo iba a meterme en bellas artes?. La segunda era psicología, ciencias de la salud…

Con sinceridad, a mi la vida me daba igual. Si hubiera tenido acceso a drogas “sabe dios” si estaría aún por aquí. Al alcohol sí le pegué bien, en cuanto podía. Era la única forma que tenía de relacionarme “con normalidad” con los demás.

Cuando selectividad acabó (y no saqué malas notas para sorpresa de algunos profesores amargados) recibí una llamada en mi casa a las 12 de la noche. No reconocí la voz porque no conocía a esa persona. Se hacía pasar por un chico de mi clase, dándoselas de que le interesaba mi vida. Se oían risas alrededor, debían estar todos juntos bebiendo en alguna casa y se les ocurrió algo para pasar el rato. Colgué y sentí alivio por haber salido del colegio, aunque me daba miedo no deshacerme de ellos jamás. La década siguiente evite todos los sitios donde ellos pudieran estar, cuando me los encontraba tenía que salir corriendo.

Seguí como una autómata hacia la siguiente casilla.

Dí una patada hacia adelante, con la infantil esperanza de que algo cambiara sin más. Quizás el bullying fuese importante si le pasaba a otra persona, pero siendo yo era intrascendente, como me habían hecho ver todos los adultos de mi vida.

En la universidad sentí que tenía una segunda oportunidad y que debía hacer lo posible por que no ocurriese lo mismo. Traté de no opinar, de no ser, de no estar, aunque no siempre era posible. Era capaz de pasar de una opinión a otra en la misma conversación con la misma persona si veía que ella pensaba diferente. Me aterraba el rechazo. Hice amigas en parte, aún conservo a alguna. Pero yo no era “normal”, no estaba bien y las dinámicas que alimentaba no eran sanas.

Empecé una relación de pareja con una persona con problemas también. Me empeñé en quererlo, en sacrificarme, en ponerlo en primer lugar para todo, en dejar que me pisara. Hice lo único que sabía hacer: dejarme dirigir, aceptarlo todo. Perdí a las pocas amigas que tenía, entré en un círculo de trasnochados que no parecían tener interés por nada en la vida.

Tuve vértigos. Ataques de ansiedad que no sabía que eran ansiedad. Insomnio crónico, hasta tal extenuación que veía como si todo fueran hologramas. Una psiquiatra me empastilló para no hacer nada más en consulta que comentar la semana durante un año. Pedí que me lo quitaran todo y después, con un insomnio mucho peor fumé maría para poder dormir. Me habían hecho dependiente de las pastillas. Estaba desesperada. Perdí bastante peso. Comía más del doble que de normal pero al dormir apenas dos horas cada 3 noches y mañanas sueltas 6 horas pues mi cuerpo lo consumía todo. Amigas de la carrera me tacharon de anoréxica, aunque sabían que no dormía. Me avergonzaba al pisar la calle. Pensaba que le daba asco a la gente.

Fui a un psicólogo especializado en Fobia Social, que me trató el insomnio de una forma más funcional y sin pastillas. Me ayudó en parte, hice muchas cosas que me aterraban como comer o ir a una tienda en hora punta sola. Me saqué el carnet del coche, algo que dejé en primero de carrera por pánico a tropezarme con alguien del colegio.

Hacia el final de la carrera participé en un programa de intervención para la Fobia Social en niños. Me sentí útil al ayudar a quienes pudieran sentirse como yo, como si pudiera reponer algo.

Conseguí romper mi relación por fin. Fueron casi cinco años de maltrato psicológico y dependencia enfermiza.

Al terminar la carrera seguí tropezando en todas direcciones.

Tuve algunos problemas en casa y me fui a un piso, una de las peores decisiones de mi vida. Era una auténtica ratonera y mis compañeras parecían sacadas del mismo colegio horrible. Una vez más me había empeñado en ir detrás de una persona que no me trataba bien y que yo erróneamente consideraba mi amiga. Ha sido mi constante, ir detrás de quien me trata mal y dejar de lado a quien me trata bien.

Trabajé en el estudio de ingeniería de mi padre varios años mientras veía qué hacía con mi vida. Seguía estando mal, solo que no sabía cómo arreglarlo. Aún veía el mundo bajo las gafas de la fobia social. Me llevó mucho tiempo entender que aquella etiqueta era demasiado limitada y poco práctica.

Las pocas veces que seguí mi intuición no me fue tan mal, pero no confiaba nada en mí.

Estando single y fuera de aquel piso me recuperé un poco, era libre. Me sentía a un nivel de persona “normal”, de poder estar con otras personas equilibradas, sin dramas. Me reencontré con mi crush del colegio, que me gustó durante todo el instituto, por el que me humillaron públicamente y a quien apenas pude volver a mirar a los ojos todos esos años. Siempre hubo algo diferente en él. No nos hemos separado desde entonces.

Me fui a UK a mejorar mi inglés y a demostrarme que podía valerme por mí misma. Fue un desafío y me sentí capaz de todo.

Nos fuimos a vivir juntos a Granada. ¡Qué bonito al principio! Pero llevaba años a saltos, sin procesar nada de lo que pasaba y dando patadas hacia adelante y la vida me ajustó cuentas. Vivía definitivamente en mi cabeza. Seguía aterrada del mundo aunque no era consciente. Retrocedí mucho. Quizás nunca había estado allí delante donde creí estar cuando me sentía tan libre. Empezaron a salirme cosas de mi anterior relación. Pude llamarlo maltrato. Tuve pesadillas en las que mi anterior pareja me perseguía. Empecé a hacer lo mismo a mi pareja, a un nivel infinitamente menor. La doble cara del bullying y el maltrato. Me daba asco a mi misma.

El último año en Granada lo viví con mucha ansiedad. No dormía, estaba atacada, a la defensiva. Tenía en la cabeza miles de personas que me juzgaban por no ser capaz de hacer lo que debía estar haciendo ya: tener un trabajo decente, ser un adulto profesional. Si el cortisol fuera oro habría sido billonaria.

Perdida, probé el yoga, tras pensar durante años que era algo flojo. También la meditación. Empecé a abrirme a cosas que no aceptaba desde mi formación de psicología. Empecé a entender lo absurda que era esa carrera; no mirar hacia dentro para buscar las respuestas, no ser independiente y enseñar lo mismo a los demás. ¿Qué estábamos haciendo? Renegué de la psicología, con mucha culpa. Había invertido tiempo y dinero.

Me dí cuenta de que necesitaba hacer algo con mis problemas y pensé que mientras los iba solucionando podría ayudar a otros en la misma situación. ¿El síndrome del salvador? Es posible. Me motivaba mucho.

Fuimos a vivir a un pueblo y me rompí en mil pedazos. Fue como volver a sumergirme en los años del colegio. En parte era cierto, el ambiente era ese (crítica constante, cotilleo, juicio, desprecio), pero en otra buena parte lo llevaba yo dentro instalado en el disco duro.

Abrir el blog fue como abrir la caja de Pandora. Empecé con las ideas claras, o eso creía yo. Con el paso de los meses fueron saliendo mis verdaderas intenciones, los verdaderos obstáculos, los nudos en la garganta… ¡Menuda terapia!.

Dudo mucho que pueda conseguir esto en la consulta de nadie. Dudo mucho que seguir lo que te marcan desde fuera pueda abrirte tanto los ojos. No todas las pillé al vuelo, necesité que volviera a pasar el tren de la oportunidad varias veces. Y este último viaje me costó horrores cogerlo. Siempre lo he evitado y rechazado, consciente e inconscientemente.

Los últimos 6 meses.

No me preguntes cómo ni porqué pero hasta hace unos meses no he prestado atención a esta cuenta pendiente con el bullying. Es la última pieza del rompecabezas y las cicatrices que me quedan por no haber hecho nunca nada con ello. Por no haberlo contado. Por no haber confiado en nadie. Por haber aprendido las peores habilidades sociales, las que solo me mantenían en círculos viciosos con personas que solo podían herir. Por haber seguido esperando a que un adulto llegara y me sacara del sótano donde me había escondido.

Y por fin he entendido que ese adulto no puede ser nadie más que yo.

Sabiendo esto, entendiendo que el camino que me queda es hacia fuera, he empezado a hablar con aquellas personas a las que nunca conté nada. Personas que debían haber estado cerca y que no lo vieron o no lo entendieron. Personas que me duelen por el abismo de separación que hay entre nosotros.

Empecé por mis padres. Fue duro ponerles esto sobre la mesa aún diciéndoles “no pretendo que te sientas mal o echarte nada en cara”. Entiendo la responsabilidad, el dolor. Pero no podemos avanzar sin prestarle atención, sin darle importancia y sin decir que esto no fue justo para mí.

Después fue mi hermano. Con quien no tengo relación desde hace años. No todo ocurrió en el colegio, hay cosas que empezaron antes. Mis padres tenían sus propios problemas y de alguna forma nos los trasladaron. Nos ha costado mucho estar ahí fuera. De alguna forma en casa nos han enfrentado y lo que ocurría en el colegio obviamente no ayudó. Metí a mi hermano en el mismo saco que al resto y me protegí. Él también hizo lo que pudo. Tantos años temiendo esta conversación y sin embargo ha sido tan terriblemente catártico que me pasé las navidades llorando, haciendo un duelo por todo lo perdido y por tener la oportunidad de recuperar a mi hermano, después de todo.

Todavía me quedan conversaciones pendientes. No es que vaya a hablar con cada persona, no. Solo hablaré con quien necesito hacerlo. De una a una.

Nunca es tarde para curar algo tan incapacitante. Requiere arriesgarse y ponerse ahí fuera y saber que aunque el otro no lo entienda, es necesario.

¿Es suficiente con esto? No lo sé. De momento es lo que siento que debo hacer.

He dedicado tantos años a tratar de arreglarme para que los demás me acepten. En tratar de mejorarme. En intervenir en lo que ocurre entre los otros y yo, mientras trataba de protegerme al mismo tiempo. No se puede hacer mucho así, ¿verdad? Tirando en ambas direcciones cuando no hacía falta ir a ninguna parte. Las respuestas ya estaban aquí. Yo ya era, estaba completa. Porque todos lo estamos.

El tabú del bullying

A pesar de que el bullying es un tema del que se habla mucho hay demasiado morbo alrededor.

Si no hay un desenlace dramático no tiene interés mediático. Y eso hace que los adultos que lo han sufrido lo escondan aún más. Se supone que como “son cosas de críos” pues al momento siguiente se te pasa y si llegas a adulto tocado por algo de esto es que eres un infantil, el problema es tuyo porque eres débil. O esas son las cosas que me han resonado en la cabeza las dos últimas décadas.

No es fácil encontrar información sobre lo que ocurre a posteriori. De momento estoy leyendo este libro de 2016 de la Dra. Ellen Walser deLara: “Bullying scars. The impact on adult life and relationships” (Las cicatrices del bullying. El impacto en la vida adulta y las relaciones). Es el único libro publicado hasta la fecha de las secuelas del bullying en adultos. Lo empecé hace 6 meses y lo leo a ratitos. Me cuesta cogerlo pero es muy interesante y profesional.

Aquí no hay ni buenos ni malos, ni es un problema de niños. Vivimos en una cultura basada en el maltrato y la humillación como forma de relación, de humor, de autodefensa. En el bullying, como en cualquier clase de maltrato todos somos víctimas y maltratadores. Todo viene de algún sitio. Y encima, estamos programados genéticamente para rechazar al diferente y preservar al grupo, como el resto de animales. Es supervivencia.

Algunos tenemos más papeletas, por ser más diferentes. Por ser altamente sensibles, introvertidos, solitarios, independientes, soñadores, idealistas, torpes, por tener un origen complicado, por no ser lo que se esperaba,…

Pero en este mundo moderno no estamos condenados a perpetuarlo.
Tenemos la oportunidad todos los días de salir de esta cultura de maltrato
y transformarla en amor, en apoyo y en comprensión.

Lo merecemos todos.

Si has llegado hasta aquí y te ha tocado algo de lo que he compartido quiero que sepas que no estás sola. Nunca estarás sola. Tenemos la oportunidad de dar luz a esto, de cambiar la inercia y de ser ese adulto que nos hizo falta, o esa amiga que se fue, o un abrazo que haga aflojar todo el miedo.

Si crees que le podría servir a alguien envíaselo. Me da vergüenza infinita poner esto aquí, qué pensarás tú, qué pensará el otro. Pero este camino se hace pasito a pasito. Y este probablemente sea uno de los de gigante y no se puede trocear más, ni hacer menos amargo.

Gracias

Por haber llegado a este día en que yo pongo las piezas en la mesa en lugar de esperar a que otros hagan o digan algo.

A Paco, por aceptarme de principio a fin. Por apoyarme en todo lo que yo no pude jamás. Y demostrarme que había otro futuro.

A mis padres por abrirse y aceptar sus limitaciones, por apoyarme en este viaje y darme hoy lo que no supieron o no pudieron antes.

A mi hermano por abrir la puerta cuando llamé con miedo, por escucharme y por haber crecido tanto como persona.

A todas las personas que me han leído en algún momento estos dos años y medio. Sobretodo a mis cheerleaders que reciben mis correos en la newsletter y me han sorprendido tantas veces con sus palabras.

A todos los que con sus gestos grandes y pequeños trataron de mandarme mensajes que no estaba preparada para recibir.

Especialmente a Marga, a Clara, a Paqui, a Carola, a Vironika, a Maite, a Sandra, a Pau y a Eva, a Irene, a Raquel, a Carolina y Marian.

A todas las joyas que me he encontrado online y offline y que me han roto los esquemas con su amabilidad, energía y valor.

Este blog está destinado a evolucionar

Y a seguir mis intereses creativos y/o profesionales en los próximos meses. No tengo ni idea de qué va a pasar. Pero ¿quién lo sabe? Hasta este verano no voy a contestarme a todas estas preguntas. Mientras seguirá como estos meses.

Mi presente es esto: purgar, sanar y renacer.

La imagen de portada es de Austin Neill.

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44 Comentarios en “Mi historia de bullying
  1. Clau dice:

    Curiosa la vida.
    Tantos años sintiendo que no eres digna de ser querida cuando eres de esas personas a las que se puede querer con tremenda facilidad.

    Te admiro mucho Ame.

    Un abrazo desde México.

  2. Jose Yuste dice:

    Hay que ser muy valiente para desnudar tu alma públicamente. Te felicito por ello y, sobre todo, porque te ha servido para aligerar tu carga.
    No sé las veces que te he releído: Me has tocado la fibra.
    Eres muy importante para las personas que te queremos.
    Tú vales mucho, consigues todo lo que te propones porque sabes echarle agallas.
    Me gustaría saber estar más cerca de las personas que quiero.
    Un beso

    • Amelia Mirón dice:

      ¡Hola Jose!

      Muchas gracias por tus palabras, sé que no es fácil escribir aquí fuera y expresar sentimientos.

      Más que agallas, siempre he tenido dentro esta necesidad de contarlo aunque las veces que dije algo no me escucharon o le quitaron valor. Pero siempre lo he llevado dentro y siempre me ha empujado a seguir intentando diferentes caminos y estrategias. Si no, habría tirado la toalla hace tiempo y no tengo ni idea de dónde estaría, pero seguro que aquí no.

      Este impulso hace años era rabioso, culpabilizaba a los demás, quería venganza a veces, justicia. Aunque no dijera nada. Pero he logrado entender tantas cosas entre tumbos y tropiezos que ya no siento nada de eso. Gracias a todas las capas de cebolla que me he ido quitando, las armaduras, los sistemas de seguridad, el pánico, etc, he conseguido volver a estar cerca de las personas que quiero. Todo está relacionado, porque todos somos uno.

      Un besazo!

  3. Ramón dice:

    Primero decirte que no te conozco de nada, he dado con tu relato por “casualidad”. Y segundo darte mi más sincera enhorabuena por haber superado un trauma tan grande que lamentablemente nadie supo ver para intentar ayudarte, ni los supuestos “profesionales”.
    De todas formas, a esta vida se viene a superarse, a evolucionar y a echar una mano a los demás en su camino, a ti te ha tocado vivir ese tremendo sufrimiento pero la plenitud que has alcanzado superando este trauma o estando cerca de hacerlo, merece el mayor de los reconocimientos, no todos lo consiguen, y seguro que ayudarás a mucha gente y te sentirás plenamente feliz que es de lo que se trata.
    Vales mucho.
    Un abrazo.

    • Amelia Mirón dice:

      Muchísimas gracias por tus palabras Ramón!

      Me emociona que seamos completos desconocidos y podamos reconocernos en humanidad. Conectar y compartir.
      Ojalá esto que he escrito le sirva a alguien más que a mí, aunque sea para atreverse a dar un paso y abrir una puerta diferente y confiar.

      Un abrazo enorme!

  4. Te entiendo tan bien que no he podido evitar llorar y recordar muchos momentos; aquí estamos, de pie o de rodillas, creciendo siempre. Te admiro y estoy muy orgullosa de ti, un abrazote enorme con toda mi alma

    • Amelia Mirón dice:

      ¡Hola Sarah!

      “aquí estamos, de pie o de rodillas, creciendo siempre”
      Gracias por tus palabras, me llegan muy dentro.
      Esta es una semana llena de emociones inesperadas.

      Un abrazo enorme!!!

  5. Carolina dice:

    Me has dejado de piedra!. De verdad que no me imaginaba que lo hubieras pasado tan mal, sabía que los “guays” y tú no erais uña y carne, pero nunca me imaginé esto. Me alegro de que te hayas atrevido a contarlo y ojalá te hubiera podido ayudar. Eres una valiente!!!!

  6. Rocío dice:

    GRACIAS!!!!!!!

  7. Marga dice:

    Mira que hemos hablado..y resulta que no te conocía aún, o al menos esta parte tan contundente. He flipado de principio a fin, y sólo puedo decirte que me alegro de conocerte mejor, que siento lo que te ha tocado vivir, y que estoy segura de que tu futuro va a ser más bello día a día, porque así lo luchas. Un besito Ame. Eres mi orgullo.

  8. Sandra dice:

    Las personas cuando hacen daño a otras no se dan cuenta de la herida interior que pueden crear, sobre todo cuando son personas pequeñas. Yo he sabido perdonar…y mucho. El miedo se ha convertido en sonrisas , en decir las cosas a la cara, en no tener miedo pero si respeto . ¿Como? La verdad es que no sabría decirlo…pero cierto es que eso ha hecho que a veces me meta donde no me llaman, y que luche mucho por las cosas justas y no la indefensión y el miedo.
    Habernos contado lo que te pasó seguro que te ha curado un poquito, seguro. Un beso grande

    • Amelia Mirón dice:

      ¡Muchas gracias Sandra!

      Quien hace daño en buena parte ha aprendido a hacerlo, se lo han hecho y se lo hace así mismo también.
      Yo también he hecho daño y me lo hago. La forma en que nos tratamos es también como tratamos a los demás y viceversa. Es algo que he aprendido estos últimos años y no sabía lo poderoso que podía llegar a ser algo tan aparentemente simple.
      Hoy soy un muchazo más libre, eso te lo aseguro.
      Un abrazo!

  9. Eva dice:

    Muy bien Ame!! Bravo Bravo y Bravo.
    Imagino lo que puede costar escribir cada una de estas palabras pero si esto te ayuda a avanzar entonces vale la pena el esfuerzo.
    Siempre te he considerado diferente pero porque eres una caja de sorpresas, llena de talento y creatividad. No permitas que nadie te diga o haga sentir lo contrario, ser diferente es lo que te hace tan especial!!
    Asúmelo guapa, eres una crack 😉

    • Amelia Mirón dice:

      Ayyy prima!
      Voy a empezar por asimilar esto, que ha sido mucho esta semana, y después todas las respuestas, que sinceramente no esperaba jamás de los jamases. Este feedback no es el que me decía mi mente que iba a tener y creo que lo necesito mucho para equilibrar la balanza después de tantos año.
      Tengo unas primas muy cracks…
      Un besazo! :-*

  10. Tia, menudo vuelco me ha dado el corazón cuando he leído la última parte, donde hablas de tu familia y hermano. Mi hermano sufrió bullying, yo también, y así rueda rueda, cómo rueda la rueda. Cuando tenía relaciones chungas donde yo era la rebound (soy experta en relaciones parche, donde yo, tachán, soy el parche, qué sino voy a ser, me van a querer a mí por mí :P), me salía mi venga de con mis valores a muerte y paso de perpetuar la rueda. Me tragaba la chunguez, el dolor pero no lo perpetuaba. Pero al final me ha quedado el poso amargo de ser un puto saco de boxeo y me está saliendo vena guerrillera. :-S

    He pensado que igual me animo yo también y saco la bicha y así le doy carpetazo a mi moribundo blog. Aunque antes me gustaría hacer recopilatorio de libros que me han sido útiles y hacer una mini guía de cómo elegir profesionales de la psicología cuando el problema es de este tipo u otros chungos. Nunca se sabe a quién puede llegarle la info y yo he tenido mucha suerte de internet y de saber inglés, pero no hay mucha info en español.

    Un abrazo Ame.

    • Amelia Mirón dice:

      Es muy jodido estar ahí fuera en el bucle del maltrato, siento que no hayamos tenido lo que quizás necesitamos entonces.
      Hace un tiempo podría haberme identificado con Carrie, habría deseado tener sus poderes y vengarme. Aunque en realidad siempre justifiqué a todo el mundo, fui así de tonta quizás. Me creí a pies juntillas todo lo que me dijeron, me encogí de hombros y les di la razón.

      También creí durante mucho tiempo que mi problema era que no era valiente para plantarle cara a la gente, para meterme en discusiones y callar bocas, para gritar a los demás como ellos me gritaban a mí. Y creo que es una idea generalizada, que el que más grita, más se enfada y más se impone es el que más razón tiene. Creía que si no hacía eso no era yo, no tenía personalidad.

      Ahora que miro atrás esos momentos, que he probado otros caminos y he encontrado mis respuestas me he dado cuenta de que no está en mi naturaleza discutir y gritar. De hecho no me gusta cuando la gente grita, me altera. Y no tengo necesidad de faltar a nadie para dar mi opinión o sentirme expresada. Aun cuando hay personas que me lo siguen haciendo a mí. Creo que lo hacen por ese error, que van en automático. Y ya en el punto en el que estoy qué me importa a mí lo que crean… (tengo mis días, esto no me lo creo del todo aún).

      Quizás haya malentendido tu mensaje. Pero he sentido la necesidad de decírtelo, por si te sirve a ti de algo.
      Y de paso para animarte a que si tú sientes que tienes que decir las cosas en el blog o donde sea, que lo hagas. Pero que lo cuentes como si te lo contaras a ti. Porque es para ti, para nadie más. Y si te sirve de verdad, te aseguro que servirá mucho mejor a otras personas.

      Te lo digo de corazón

      Un abrazo guapa!

  11. ana dice:

    Bravo Ame!! Te queremos!! Besos y abrazos!! Me alegro que empieces a brillar como la estrella que eres!!! Gracias por compartir y abrirte a un nuevo mundo!! Eres muy valiente guapa y afortunada!! Asi que valorate mucho!! Pronto llego a murcia y espero verte!!

  12. Qué valiente Ame. Un abrazo de oso gigante. Me queda aún para acabar de leerme todo, pero ya con lo que he leído (antes de llegar al instituto) que me ha removido mucho.

    Te comprendo tan bien. Yo también sufrí bullying, pero no en la escuela, sino en casa. Por mi hermano. Me ha pasado con la gente igual que tú, y aunque en la escuela he sido de 10 (era mi forma de tirar para adelante) lo cierto es que ese huir hacia el no parar de hacer cosas me ha pasado factura más adelante y casi me arruina mi carrera (si lo ha hecho definitivamente, eso el tiempo dirá).

    Me doy cuenta además que en mi caso, supongo que cada uno tiene su estilo adaptativo, tiendo a la retirada a esconderme y eso es lo que he hecho siempre. Lo noto con cosas como la de retirarme a mi mundo de erudición donde todo es perfecto pero que tiene un coste muy elevado. Hasta hace bien poco, además, he tenido una visión muy happy flower de la gente. A mí me “pegaban” metafóricamente y yo siempre buscaba entender a la otra persona, ver su dolor. Nunca me planteé ver el mío, siempre me ponía en el lugar del otro. Maldita empatía.

    Ahora he despertado y desde hace un par de años desde mi debacle final (espero) que estoy que no me apetece nada conocer gente, tampoco estoy por la labor de modificar mi conducta para no importunar a nadie, por caer bien o por lo que sea. Es como si mi meta fuera caer mal. Esta soy yo, lo tomas o lo dejas. Y si lo dejas, que te zurzan, no estoy aquí para ser ni un colchón emocional. Lo malo: claro, tiene su coste. Siento que pienso mal de todo el mundo cuando antes no. Siento que mi tolerancia con la estupidez ajena tiende a 0 cuando antes era cas infinita (cuando me lo dijeron hace un par de años flipé, porque yo no lo veía).

    Reconozco que hecho de menos esa ligereza con la que me movía antes, ese no me importa un huevo de pato y ese no pensar tan mal y sobre todo el tener ganas de conocer gente. Supongo que es una fase. Antes era un extremo, ahora estoy bailando en el otro extremo hasta que encuentre el término medio.

    Qué asco vivir estas cosas y no poder contarlo porque la inmensa mayoría de la gente ni lo ha vivido ni se lo puede imaginar.

    En fin, valiente! y qué bien escribes!

    • Amelia Mirón dice:

      Hola Rosana!

      Muchas gracias por compartirte aquí. Me identifico completamente con lo de tratar siempre de entender al otro. Siempre justificaba a los demás dejandome a mí peor aún. Pero ¿sabes? siempre quise haberme pasado al lado contrario, haber sido desagradable y caer mal voluntariamente. Pero nunca he podido, me aterraba (y eso no me protegía de caer mal, que va! sobretodo porque siempre iba detras del mismo tipo de persona que no me tragaba).

      Nuestros caminos van a dar muchas vueltas, siempre. No sabemos lo que queda por venir. Quizás si tienes rabia puedas encontrar una forma de expresarla. Yo en este post he expresado la mía, solo que he querido estar en paz conmigo, quedarme de verdad a gusto. Y no ha sido fácil. La misma noche antes pense en encender el ordenador y borrarlo porque me puse a pensar qué iba a pensar fulanito y menganito. Que me iban a rajar viva. Que me odian y no hay nada que hacer. Pero me recordé que esto era para mí. Para nadie más.

      Lo que más me ha ayudado a equilibrar y soltar la rabia es hablar con personas que han sido parte de mí y sobre las que tenía muchas ideas preconcebidas. Conectar con ellos primero antes de sacar el tema, desde la comprensión mutua para no convertirlo en una discusión de egos heridos. Cuando no ha habido esa presión la conversación ha ido fluyendo. Las lágrimas también (aunque muchas veces me las he guardado para soltarlo todo cuando estaba sola un rato después y en varios días).

      No tengas prisa, el ritmo lo pone tu cuerpecito y va una cosa cada vez. Si se amontona el estrés es mejor quitarse cosas para después. Yo lo tuve que hacer asi estos meses.

      Un abrazo enorme!

  13. Mar dice:

    Gracias. No sabes lo que empatizo con tu historia. Has expresado con valentía y honestidad tu camino.
    Eres una superviviente. 🙂

    Sobrevivir al dolor y al miedo y afrontarlo con honestidad, junto con sus secuelas, es de las cosas más difíciles de la vida. Es duro, pero hay que hacerlo.

    Yo aún no sé muy bien cómo. Me cuesta soltar lastre. Pero es inspirador leerte. Por esta y por miles de cosas más que me gustan de ti, bonita.

    Un abrazo muy grande. SIGUE.

    • Amelia Mirón dice:

      Muchísimas gracias por tus palabras Mar 😀

      Creo que reconocer que no sabes cómo es el primer paso. Es grande. A veces creemos que sabemos o que deberíamos saber y nos hacemos un lío y nos sentimos mal. Tropezando llegarás al tuyo. Ojalá algo de lo que yo comparto te ayude a ti y te lo haga un poquito más fácil. Sé que no lo es. Pero tampoco voy a considerar lo que yo he hecho la norma, estoy tan harta de guruísmo y de los líderes que no hacen más que fomentar esa necesidad que aprendimos de que alguien nos diga qué hacer.

      Yo estoy segura de que un día sabrás cómo y te empoderará como nada en la vida, porque será tuyo, de tus entrañas.
      Y nos inspirarás a todos.

      Un abrazo enorme!

  14. ROSA MARTINEZ dice:

    Pasajes enteros donde me reconozco, donde vuelvo a oler el miedo, que me han desmontado y me han llevado más de 20 años atrás.

    Sin palabras.
    Me faltan para decirte todo lo valiente que eres, porque se necesita tener mil mundos de valentía y haber crecido mucho para volver a abrir el cofre de las lagrimas, los tiempos más oscuros, el infierno en la tierra.

    Decirte que te encontré por casualidad y me atrapaste desde aquel primer post, que me lei decenas de ellos en una tarde y que para mi tu newsletter es ese la prueba semanal de que aun hay quien escribe desde el corazón, quien es corazón.

    Gracias por llevar conciencia a mi vida y a la de muchas, pero sobretodo por ser tu. A pesar de todo y de todos, de los maltratos y las burlas, del dolor y la ira, de la niebla y la oscuridad, no pudieron contigo. Estás aquí y estás haciendo lo que viniste a hacer.
    Y lo haces muy bien.

    Un abrazo de corazón a corazón, gracias de verdad Amelia por este post.

    • Amelia Mirón dice:

      ¡Bienvenida Rosa!

      Me has emocionado mucho, muchísimo.
      Se nota en tus palabras que tienes un espíritu luchador. Si eres capaz de ver todo eso en mí es porque tienes una riqueza inmensurable.
      Todo este tiempo he pensado cada vez que publicaba que lo único que hacía era aburrir al personal con mis mareos y vueltas y revueltas.
      Y me has desmontado sin tener palabras con una fluidez preciosa.

      Muchísimas gracias por verme, por reconocerte y por continuar la partida.
      Nos queda mucho por vivir.

      Un abrazo enorme <3

  15. Carol dice:

    Gracias por compartirlo Ame, sos una genia, lo más. Te felicito de todo corazón por ser tan valiente, y dale para adelante, que te mereces todo lo bueno que está por venir.

    • Amelia Mirón dice:

      Muchísimas gracias Carol!

      De verdad ha sido muy bonito estar a tu lado en este mundo digital.
      Me has hecho sentirme muy acompañada siempre.
      No tengo palabras para agradecértelo mejor.

      Un abrazo inmenso!

  16. Silvia dice:

    Amelia, que persona tan valiente!
    Me identifique como esa niña muchisimas veces, realmente tienes un talento para la expresión, se me ha puesto la piel de gallina( asi decimos en Bs As) muchas veces.
    No conocia el libro que comentas, voy a buscarlo por aca ya que creo que es un tema importantisimo para nosotros los padres también.
    Un beso enorme!

    • Amelia Mirón dice:

      Hola Silvia!

      Muchísimas gracias. Tenemos también esa expresión aquí, goosebumps, como dicen los ingleses 🙂
      Siento que hayas pasado por algo parecido, espero que tuvieras apoyos, es lo más importante. Y que ahora lo puedas ser para tus niños, es nuestro legado al fin y al cabo. Otro mundo.

      Aún no lo he terminado, recoge muchas historias diferentes y yo sinceramente me quedo atrapada en cada una de ellas. Me gusta que se hable de todos los frentes porque secuelas también tienen los bullies aunque cueste creerlo.

      Un abrazo enorme!

  17. tania dice:

    Hola Ame, hace poco que descubrí tu blog, cuando le hiciste la entrevista a Nahir, y desde entonces lo voy leyendo a ratitos y soy una fiel seguidora de tus nuevas entradas. Me parece diferente, auténtico, transmites mucho. Quería felicitarte desde hace días.
    El post de hoy es conmovedor, muchas gracias por compartir tu experiencia. Ojalá se supiera mucho más sobre este tema.
    Felicidades por tu lucha diaria.
    Un abrazo!

    • Amelia Mirón dice:

      ¡Bienvenida Tania!

      Muchas gracias por tus palabras, no sé qué dirección tomará esto del todo. Pero supongo que no dejaré de escribir de vez en cuando. Me lo pide el cuerpo…

      Tienes razón. Creo que necesitamos hablar de esto más, tener más consciencia de que no es normal pasarlo mal. Pero sobretodo que no hay malos y buenos, eso no ayuda realmente al problema, creo que lo aumenta innecesariamente. Los que hacen daño tampoco están bien.

      Un abrazo enorme!

  18. Lara Normington dice:

    Enhorabuena Amelia,tus palabras demuestran quién eres de verdad, sensible, admirable y valiente. Aunque nos lo digan mil veces, lo difícil es creérnoslo.
    Beautiful thoughts and beautifully written.

    • Amelia Mirón dice:

      Thank you so much Lara!

      Your comment really gave me goosebumps 🙂
      I know your dad was there and tried to help several times.
      Love all of you <3

  19. Rut dice:

    Gracias Ame por compartir esto! Eres muy valiente!
    Hay muchos pasajes que me llevan a mi época del colegio e instituto, siempre alerta.
    Un abrazo!!!!

    • Amelia Mirón dice:

      Muchas gracias Rut, por compartirte.

      Has dado en el punto clave, la alerta constante.
      Espero que tuvieras el apoyo que necesitamos todos en esos momentos, aunque algo me dice que sí y me alegro mucho.

      Un abrazo enorme!!!

  20. Vaya tela y qué valiente has sido escribiendo todo esto.

    Mis recuerdos de la época escolar son bastante grises. Había mucha crueldad, mucha violencia y mucho miedo. Es una edad muy complicada. Posiblemente la que más. Ahora que tengo niños espero poder ayudarles en el tránsito por esa selva.

    Espero que todo vaya a mejor. Este estupendo post es una prueba de ello. Mucho ánimo Amelia.

    • Amelia Mirón dice:

      Muchas gracias José Antonio, ha sido una gran sorpresa.

      Esperaba algo más bien opuesto a lo que estoy recibiendo y desde luego no lo hice por esto pero creo que este feedback lo necesito para contrarrestar los años del otro lado. Así que de verdad gracias por tomarte el tiempo de escribirme y compartirte aquí.

      Tus niños tienen mucha suerte porque tienen unos padres despiertos y conscientes. Y con eso sobra.

      Os deseo lo mejor de lo mejor.
      Un abrazo enorme!

  21. Clara dice:

    E-N-H-O-R-A-B-U-E-N-A!!! 🙂

    Me hago una idea de lo que te habrá costado escribir y mostrar esto, yo tenía bajo mi alfombra otra montaña sin tratar y ahora he empezado a verla de verdad y cuesta muchísisisismo… Otra PAS por aquí 😉

    Me faltan las palabras… quiero escribirte un email pero no podía irme de aquí sin decir nada. Gracias por compartirlo todo, por tu sinceridad y esa abertura a corazón abierto. Me quedo con la gran sensación que sé que tendrás después de haberlo hecho.

    Te veo aligerando tu mochila, soltando etiquetas, mirándote al espejo por primera vez con gafas objetivas, escuchándote a tí misma, descubriendo que no eres rara ni débil sino normal y hasta especial y por supuesto mucho más fuerte de lo que imaginas.

    Gracias a tí. Sigue ese camino, yo tampoco veía la luz y aunque son historias diferentes me confirmas que abrirse y confiar en uno es la clave, pararse y ver qué pasa, seguir esa intuición…

    Un fuerte abrazo,
    Clara.

    • Amelia Mirón dice:

      Muchísimas gracias Clara!

      Cuesta mucho verlo si, pero como tu dices, muchas veces es cuestión de escucharse, de ritmos y tiempos que no se pueden forzar.
      Yo he forzado siempre y no me servido para nada más que para frustrarme y meter la pata. Y aún tengo ese “problema” o tendencia. Pero ahora tengo mis herramientas. Sé que lo más importante es la consciencia y que aunque tropiece nunca estoy muy lejos del centro para volver a levantarme. Ahora con menos capas superpuestas pues es un poco más rápido y fácil. La primera parte es la más difícil. Pero merece demasiado la pena.

      Te mando muchos ánimos y mucha paciencia contigo misma

      Un abrazo enorme!

  22. Lola Julio dice:

    Gracias Amelia, con mi admiración y orgullo, un abrazo intenso, largo y lleno de todo mi amor.

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