Vidas Incondicionales: “Cuando abandoné todo lo que no me hacía ridículamente feliz”

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Empieza un nuevo apartado llamado Vidas Incondicionales. Va a tratar de personas o historias de personas que han llegado a aceptar quienes son por encima de todo, o están en su camino. Las historias o conversaciones que no puedo evitar compartir contigo para que te impulsen a encontrar el tuyo.

El primero es Clay Collins.

Toma asiento y sumérgete…

Aunque por aquí no lo conocemos, Clay Collins es, a día de hoy, una de estas personas de éxito que aparecen en los medios de vez en cuando. Alguien con un negocio eficiente que puede permitirse vivir la vida que en algún momento soñó, de esas personas con las que crees tener poco o nada en común porque “obviamente” está en otra liga diferente.

Quizás porque trabajó sistemáticamente para llegar a donde está, de forma ordenada, con esfuerzo, constancia y dedicación, con objetivos claros y pasos contundentes, que ha seguido las recetas del éxito y de la organización de los grandes.

Al menos esa era la imagen que durante años proyectó, una imagen para todos los públicos, esa que le enseñarías con orgullo y sin pudor a tu abuela, o con la que te presentarían en una convención de gran prestigio. Una imagen perfecta, envidiable y prodigiosa.

Pero un día Clay decidió que no iba a seguir participando de la farsa del éxito. Ese día Clay miró su propio blog y se avergonzó de la página dedicada a explicar quién era él, su “About me” (Sobre mí).

En ella se hablaba de un joven que a los 15 años se fue de casa para empezar una empresa de software y que desde entonces ha sido un emprendedor integral, colaborando además en las más importantes campañas de marketing, recaudando millones de dolares en tiempo récord… Y así un par de párrafos más con sorprendentes colaboraciones y genialidades.

Sin embargo, la realidad había sido menos limpia, menos ordenada y desde luego, menos sencilla de explicar que en un par de párrafos. Esto suena más cercano, ¿no? Menos irreal.

Fue el abuelo de Clay, que dedicó su vida a cultivar cítricos en California, una figura fundamental en su niñez, porque le dejó una imagen del éxito y del propósito vital que lo marcarían para siempre.

Entendió muy joven que dedicarse a algo aparentemente poco glamuroso como cultivar naranjos podía tener un trasfondo artístico, creativo, y que el mayor impacto que podías tener en el mundo venía de concentrarte y mejorar algo aparentemente sencillo durante un periodo prolongado de tiempo.

A los 9 años su abuelo le dijo “Demasiadas personas hacen cosas que realmente no entienden ni aman… Yo adoro cultivar árboles, y eso es todo lo que sé, por eso es todo lo que hago”.

En aquél momento se empezó a gestar la forma en que Clay definiría ser libre. Desde entonces quiso encontrar esa libertad de poder concentrarse en una sola cosa, para mejorarla y desarrollarla, para disfrutarla y hacer algo con significado durante el resto de su vida, pero aún no sabía qué era. Lo que sí sabía era que, esa libertad, para él, no era simplemente trabajar pocas horas o tener una vida diseñada y poco convencional, ni tampoco tener un negocio online para viajar por el mundo.

“Libertad para mí ha sido siempre estar en posesión de la seguridad incuestionable e inequívoca de lo que tengo que hacer. Y la completa falta de voluntad de hacer cualquier otra cosa.”

A los 11 años su familia se trasladó del vivero a la ciudad y a los 15 recaudó con un amigo el dinero suficiente para montar una empresa de software y se fue de casa. Le dedicó al proyecto cada hora que estuvo despierto, pero hoy sabe que era demasiado joven para aquello. La empresa fue bien pero terminó decidiendo ir a la Universidad.

En los siguientes 10 años hizo muchas cosas pero terminó muy pocas, y de esas pocas la mayoría fueron un fracaso. Según Clay marchaba al ritmo del tambor de todos menos del suyo propio.

Por eso fue cambiando de escuela en escuela, de programa en programa, y de trabajo en trabajo. Abandonó la universidad, aunque finalmente se graduó, abandonó el posgrado, lo retomó y lo volvió a dejar. Viajó bastante, pero nunca estaba satisfecho. Cada cosa que empezaba le parecía que sería esa a la que se dedicaría por el resto de su vida:

“Pensé: ESTA VEZ por fin podré remangarme la camisa, estabilizarme, y empezar a viajar por este camino para siempre.”

Pero ese momento nunca llegaba, esa sensación nunca le llenaba. Llegó al límite. Y en un instante decidió rendirse definitivamente a su propia incapacidad para llegar a algo, para ser lo suficientemente competente en algo. Decidió por agotamiento puro y absoluto que ya no iba a luchar más y que por tanto:

– Solo haría las cosas para las que se sintiera completamente motivado

– Haría lo que incuestionablemente tenía que hacer, es decir lo que NO podía dejar de hacer

– No se esforzaría ni lucharía más, aunque el resto del mundo pensara que era un fracasado por el resto de su vida.

Dejó su trabajo y creó el suyo. Se trasladó a la ciudad en la que quería vivir, dejó los estudios formales y empezó a aprender de otra manera. Abandonó la idea de tener un título sofisticado o un trabajo envidiable y por fin empezó a construir poco a poco la empresa de sus sueños.

Se negó a hacer cualquier cosa con su vida a no ser que no pudiera evitar hacerla, porque fuese irresistible para él o le proporcionase “cantidades ilegales de felicidad”.

Nada de esto ocurrió porque fuera una persona débil o porque no tuviera determinación, sino porque había aprendido por propia experiencia, por ensayo y muchísimos errores, que para él era absolutamente imposible que funcionara de otra manera. Lo había aceptado y no estaba dispuesto a seguir peleando consigo mismo.

“Nunca vas a encontrar tu propósito si lo que necesitas es llenar un vacío. Un propósito o una misión en la vida no te harán libre. Un propósito no es tu salvador y la falta del mismo no es tu secuestrador.

La única cosa que te está limitando, que te impide que progreses, es tu incapacidad para abandonar lo que no es 100% tú. Y lo único que puede dejarte libre es tu rechazo inflexible a hacer cualquier cosa que no esté alineada con quien eres de verdad.”

Desde entonces todo ha sido más sencillo, porque lo único que se salvó de aquella quema fue su pequeño blog de desarrollo personal. Al quitar toda la maleza se dio cuenta de que lo único que disfrutaba era hacer el marketing del blog. Así que lo dejó todo y se centró en marketing.

Cuanto más hacía más le gustaba y siguió, pasaron los años y nunca lo dejó. Nunca ha sentido remordimientos por tomar aquella decisión, porque pudo comprobar que dedicándose a marketing podía ser artístico, creativo, podía ser generoso y compartir su propio arte con otros con el fin de hacer del mundo un lugar mejor.

“Hay un número ilimitado de caminos hacia nuestros sueños más increíbles.

Y… vistos desde la distancia, muchos de nosotros parecemos como un borracho tropezando cuando seguimos estos caminos, rara vez mirando el mapa.

Pero estamos llegando a nuestros destinos, a pesar de todo.”

Para que termines de conocer a Clay, estas son sus pequeñas confesiones, lo que para muchos serían defectos o peculiaridades que siempre ha mantenido lejos de su imagen pública. Son fundamentales para que su sistema, su vida, pueda seguir adelante:

1. Solo puede hacer una cosa al día, si no nada queda hecho.

2. Imposible levantarse antes de las 10 y no funciona con menos de 8 horas de sueño.

3. Si no hace espacio para meditar a diario o para evadirse de vez en cuando, solo, en el bosque y durante un tiempo prolongado, pierde los papeles.

4. Es casi imposible quedar con el a una hora por eso rechaza la mayoría de citas o reuniones y se apoya en su socia.

5. Ha dejado los estudios hasta 5 veces.

6. Sus profesores pensaban que no llegaría a nada porque no mantenía la atención y era descoordinado.

7. No puede hacer nada que no le resulte 100% interesante.

“Cuando abandoné todo lo que no me hacía ridículamente feliz, todo lo demás se solucionó por sí solo: dinero, relaciones y tiempo. Todo.”

Esta es la historia resumida de Clay, puedes encontrar su texto original y completo en su blog. En un principio quería compartir una traducción literal pero no ha sido posible contactar con él, ya sabes que no es alguien fácilmente localizable. Hoy en día tiene una plataforma online de creación de páginas de lanzamiento y ventas llamada Leadpages.

Después de tantos tumbos, aquello que Clay ansiaba tanto encontrar para dedicarse en cuerpo y alma resultó no ser simplemente el marketing, sino él mismo. Cuando se dio cuenta de que nada iba a satisfacerlo a no ser que saliera de sí mismo fue cuando dejó de buscarlo fuera y lo encontró dentro de sí, porque siempre había estado con él.

Hay múltiples caminos a tu propia libertad y felicidad, múltiples desarrollos para tu historia y por el camino puede cambiar más de una vez, pero no llegarás a ningún sitio sin tu propia aprobación. Porque no necesitas la aprobación de otros, eso solo te da una alegría temporal, lo que necesitas es aceptarte tú misma y entonces salir a vivir tu vida.

El egoísmo no tiene cabida en este argumento. Desarrollar tus dones, desarrollar lo que te hace feliz a ti es tu deber con el mundo, es lo único que tú nos puedes ofrecer de verdad a los demás y ese es el mayor acto de generosidad. Es simbiótico, por más que nos digan lo contrario.

Como Clay hizo cuando publicó su historia en el blog, te animo a que compartas en los comentarios una mirada tuya a tu propia historia. Que pienses qué funciona y qué no, qué sientes como propio y qué es una obligación.

¿Vas a esperar a que alguien te de permiso? Empieza ahora.

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8 Comentarios en “Vidas Incondicionales: “Cuando abandoné todo lo que no me hacía ridículamente feliz”
  1. Marga dice:

    Ay Ame, me tocas la fibra sensible!
    Es un planteamiento tan maravilloso, y lo más sorprendente es que resulta tan lógico..y tan poco llevado a cabo.
    No puedo evitar pensar que en realidad el único criterio que debería tener un entrevistador a la hora de dar un puesto de trabajo a una u otra persona, debería ser: si realmente te gusta esa ocupación. Porque entonces serás el mejor, para tí, y para la empresa.
    Como bien sabes, hace un mes escaso dí un cambio de rumbo a mi vida laboral. ¿Qué pasará? Quién sabe, pero por ahora..me lo estoy pasando chachi 🙂
    Hasta la próxima!

    • Ame dice:

      ¡Hola Marga!

      Totalmente de acuerdo! Es curioso que este tipo de historias se consideren irreales y fantásticas y sin embargo esperar a que llame algo maravilloso a tu puerta sin más no lo sea…

      Exactamente, y es curioso que hoy en día puedes saber mucho más de la gente que se presenta a un puesto por las redes sociales que nunca… creo que la entrevista de trabajo como estaba concebida hasta ahora no tiene sentido como algo definitivo y por eso el aspirante a un puesto puede crear su camino incluso cuando no lo hay haciéndose imprescindible para la empresa o el que contrata. Creando activamente en lugar de ser un número pasivo en una lista…

      “Quién sabe, pero por ahora..me lo estoy pasando chachi” suena a que van a salir grandes cosas de este periodo… esa actitud vale más que el oro 🙂

      Desde aquí te mando todo el buen rollo y los ánimos para que este 2015 sea irrepetible. ¡Un abrazo!

  2. Mercè dice:

    Me ha encantado porque yo estoy empezando a hacer lo que CLay: estoy dejando caer de mi vida todo lo que no me aporta.
    Me quedo con “La única cosa que te está limitando, que te impide que progreses, es tu incapacidad para abandonar lo que no es 100% tú. Y lo único que puede dejarte libre es tu rechazo inflexible a hacer cualquier cosa que no esté alineada con quien eres de verdad.”
    Hay que aprender a soltar: soltar costumbres, soltar apegos, soltar fidelidades a la familia, o a los amigos, etc…¿Quién soy yo? Eso soy yo. Y me lleno.

    gracias por la inspiración, ha sido providencial!

    • Ame dice:

      Hola Mercè!
      Es un placer tenerte por aquí. Me pasa lo mismo que a ti, porque está claro que no es fácil (y eso que creo que he llegado a ese punto de extenuación al que llegó Clay más de una vez) pero me cuesta soltarlo y me vuelvo a enganchar sin saberlo…
      Ese párrafo también es mi favorito, siempre que lo leo es como si me hablara a mí directamente 😉
      Gracias a ti por venir y compartir tu experiencia.
      Un abrazo!

  3. sonia dice:

    Cuando lees estas cosas, parece que te entra un subidon y que te crees capaz de comerte el mundo.
    Nada más lejos de la realidad; porque cuando te lo planteas te das cuenta de que primero tienes que cerrar etapas….y esas etapas son las que a veces no te dejan avanzar, por que realmente uno no las quiere cerrar y aun poniendo medios e intentando volver a empezar, el pasado es un presente continuo.

    • Ame dice:

      ¡Hola Sonia!

      Por supuesto, cada uno tiene que encontrar su propio camino. A Clay le costó dar vueltas y vueltas, a otros nos cuesta más incluso, pero también hay personas que no lo consiguen nunca o que nunca se dan cuenta.

      Tú misma lo has dicho: “por que realmente uno no las quiere cerrar”. Empezar siendo consciente de que te has tropezado contigo misma me parece un gran punto de partida. Soltar todo lo demás puede ser difícil, aunque solo sea por la costumbre, pero no hay que hacerlo de una vez sino empezar hoy con la pequeña cosa que te acerque más a eso y que no te dé un vértigo que haga que mañana ya no quieras saber nada de dada…

      El miedo es natural, porque nunca vas a tener la certeza de qué viene después, lo intentes o no lo intentes. Toda sensación de seguridad y control es ilusoria. Pero creo que la pregunta que más me motiva a mi es pensar qué pensaré de mi cuando cumpla 60 o 70 (si es que llego), ¿me arrepentiré? ¿me encogeré de hombros? ¿me pondré excusas del momento perfecto o de que el mundo no ha sido justo? Me gustaría al menos saber que he jugado mis cartas… y que las he desarrollado por el camino.

      Estoy segura de que si miras a tu historia personal puedes ver que has avanzado aunque a veces no hayas tenido claro hacia donde.
      Si tú no crees que puedes, entonces no puedes. Si crees que estás irremediablemente destinada a hacer algo importante {para ti} entonces los límites se difuminan. ¡Un abrazo!

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