La indisciplina del Amor Propio

Hace un par de semanas que nos inundan mensajes irritantes acerca de nuestros cuerpos, de la amenaza del biquini y de nuestra falta de disciplina (disfrazados de motivación para tener ese "soñado cuerpo 10"). #resoluciones #cuerpo10 #indisciplina #rebelion #incondicionalmente #incondicionalmenteblog

Hace un par de semanas que nos inundan mensajes irritantes acerca de nuestros cuerpos, de la amenaza del biquini y de nuestra falta de disciplina (disfrazados de motivación para tener ese “soñado cuerpo 10”).

Muchos de los que se apuntan a clases para practicar algún ejercicio aguantan como buenos alumnos el carácter más o menos amable de su profesor para evitar ser tachados de algo. La disciplina que traes de casa, del colegio, etc es la que arrastras y propagas también a otras áreas, quitándote libertad para decidir estar o no en un sitio que no te conviene cuando algo dentro te dice que no es para ti.

Me resulta curioso que estando ya en el S XXI sigamos hablando de disciplinarnos, de imponernos, de esforzarnos a hacer, querer o ser. Y digo esto con la boca pequeña porque hace nada yo estaba en el centro del vórtice y aún noto su poderosa influencia.

 

Un día abandoné la disciplina por el yoga

Soy una convencida del yoga y aunque no es mi intención bombardearte, quiero hablarte de mi experiencia tanto positiva como negativa para que la apliques a lo que tú elijas en este momento.

Para mí, como para muchos, yoga no es una postura, no es un ejercicio, no es una forma de adelgazar o de estar fuerte, no es un ritual, no es una religión, no es una obligación, no es el servicio militar, ni es una moda.

Yoga es una sensación, la de sentirte bien. Conectas cuerpo y mente, o para ser más precisa, sincronizas tu movimiento corporal con tus pensamientos a través de tu respiración.

Si te mueves y fuerzas la respiración, ya no estás dentro del rango de sentirte bien. Si respiras mecánicamente y tus pensamientos te arrastran, ya no estás en el movimiento, no estas aquí y ahora. Es una práctica, no es una meta.

En realidad, no puedes planificar la practica de yoga. No puedes saber cómo va a ser hoy, porque hasta que no estás en la esterilla y empiezas a moverte no sabes cómo está tu cuerpo.

Lo he comprobado, mi cuerpo responde más y mejor a ese estar en el presente. Los músculos se desarrollan mejor, el oxígeno llega más lejos y la sensación es infinitamente más vibrante, que si trato de adormecerlo o de entretener mi mente con música o un vídeo para pasar “el mal trago”.

Antes creía, como mucha gente, que debía forzar para conseguir algo.

“No pain no gain” (no hay recompensa sin dolor). Pasarlo mal, sacrificarte, romperte todos los días… Nos lo dijeron en casa, en el colegio, en la tele, en la iglesia, etc.

Con el yoga descubrí que no tenía que ser así. La clave está en tu atención y en tu grado de calma. Si practicas estar calmada y no fuerzas, irás estando más relajada en situaciones cada vez más complejas. Tu respiración es la clave. Si es corta, estás forzando, necesitas volver un paso atrás. Con el tiempo, lo que era un reto, te saldrá natural.

Lo que practicas en la esterilla lo vas generalizando al resto de tu vida. Cuando he hecho otros ejercicios después, me he visto aplicando todo lo que he aprendido, cansándome menos, haciéndome menos daño y conectando más con mi intuición para decidir seguir o parar.

Con sinceridad, no tengo una practica de yoga perfecta. Tengo oscilaciones constantes y mi ciclo menstrual y los viajes marcan esta irregularidad. Pero lo he aceptado. Si he decidido no forzar el cuerpo, ¿porqué voy a hacerlo cuando estoy más floja, más sensible o más introspectiva? Parece simple pero me ha costado más de dos años bajar esta idea a la tierra y dejar de tirar de mí, el entrenamiento anterior es fuerte.

 

Hay resoluciones que, a veces, es mejor no cumplir

No termino de encontrar mi lugar para practicar yoga en una clase. Habiendo practicado más por mi cuenta, en casa, con vídeos, libros y leyendo experiencias he ido desarrollando mi propia visión de su esencia. Sigo a la espera de encontrar el lugar donde compartir con otros desde la flexibilidad y el respeto, porque las cuatro experiencias que he tenido no han sido del todo buenas.

La última vez fue el año pasado, decidí probar un mes. Cuando decido hacer algo así me comprometo a no juzgar ligeramente, a sacar mis conclusiones después.

Un día llegó una prueba personal que me ponía la vida (algo que me pasa constantemente y a lo que nunca reacciono, solo trago). Era yoga por parejas. No conocía a nadie de nada. Me tocó una chica que parecía tener amistad con el profe.

Llegaron los ejercicios en los que una lo hacía y la otra apoyaba para llegar un poquito más lejos. En este caso no era un poquito, era mucho y a lo bruto. Si estábamos haciendo la mariposa y la pareja tenía que ir poniendo peso ligera y suavemente sobre tus rodillas para que abrieras más, mi pareja se apoyaba de una con todo su peso dejándome casi sin respiración.

Mi cuerpo empezó a ponerse tenso, mi confianza en mi compañera cayó en picado ejercicio tras ejercicio. Como siempre, yo trataba de no herir sus sentimientos y le decía (cuando podía respirar) cosas como: espera, despacio o un momento.

Desde pequeña, siempre me ha preocupado la reacción de la otra persona, las consecuencias. Aún cuando me han hecho daño siempre me ha costado salir a decir basta (o sea, que no lo he hecho).

Ella parecía impaciente y yo me sentía como la muñeca de una niña de 5 años. Le dije que lo hacía demasiado rápido y que me hacía daño en la espalda y vi “esa mirada” en el profesor. Me miró y sonrió como si yo fuera una delicada flor.

Quizás no he tenido buena suerte o no he elegido bien, pero no es la primera vez que veo en una clase de estas características, que la palabra daño o la expresión del daño es una especie de tabú, ya sea en mí o en otras personas de la clase.

El masaje fue aún peor, yo no parecía estar viva para ella. Al terminar, me dijo “¿Qué tal?” Y por primera vez en mi vida, casi aguantando la respiración, le dije a una completa extraña que me había hecho daño y que lo había hecho muy fuerte (sin dejar nunca de medir mis palabras).

El profesor paseaba por la clase y apenas nos miraba (yo aún no sabía porqué), pero al oírnos se acercó y empezó a hacer bromas sobre lo mucho que le gustaban los masajes fuertes. Justificaba a mi compañera. Ella me miraba con una sonrisa, casi riéndose. Le dije que no eran esas sus indicaciones durante el masaje. Entonces el profesor me miró y sentenció: “No puede ser, porque ella es fisio”. A lo que contesté: “Eso no tiene nada que ver” y me quedé mirándolos casi sin pestañear.

Terminó la conversación. Era su turno. Al principio me latía el corazón rápido, temblaba, y al estar en contacto cuerpo con cuerpo sé que ella lo notó. Pero me dio igual, por una vez y aunque tímidamente o tarde, me había plantado y para mí eso valía mucho más. En lugar de rayarme dejé para después valorar la situación y continué hasta el final. En casa no me lo pude quitar de la cabeza en varios días. Tuve que escribirlo.

Dejé de confiar en el profesor. Estaba poniendo por encima de la seguridad de un alumno la amistad que tenía con otro. Confiaba ciegamente en que esa otra persona sabía lo que hacía y ni siquiera se había molestado en comprobarlo. Días antes ya había encontrado algunas incoherencias que no eran nuevas para mí: “escucha a tu cuerpo y nunca fuerces” y seguidamente algo como: “esto se hace así desde hace siglos y no se puede cambiar porque yo sé más que tú”. Libertad + intransigencia (y deja de ser libertad). Por costumbre o miedo, yo dejé en manos de otro mi capacidad para decidir.

No tengo ningún interés en crear villanos

Sé que donde vivo la gente es así, creen estar tan protegidos con sus armaduras que no se dan cuenta de nada más. Viven para criticar y hacerse daño unos a otros. Pero en este caso, precisamente por ser yoga, pensé que sería un lugar donde la gente se retara más y donde fuera más abierta. Esta última experiencia me ha defraudado, porque lo que he encontrado ha sido otro tipo de religión, una colección de normas rígidas y un montón de frases que se repiten constantemente pero que no se siguen.

No podía quitarme de encima la sensación que tenía de abuso, más que por ellos, por mí. Eso era lo que más me dolía, la sensación asquerosa que me produce pensar que nunca voy a ser capaz de levantarme y plantarme por mí.

Quizás para ti esto sea extraño (bien por ti), el dejar que otros te pisen y casi dar las gracias, pero así he pasado toda la vida, tragando. Es lo que queda de una educación donde prima ser buena y disciplinada, lo que el superior diga, lo que el profesor diga, donde rechazan constantemente tus propias ocurrencias o sensaciones. Y donde, por desgracia, aprendes a hacerle lo mismo a otros.

Me queda mucho que recorrer. Pero esta vez, al menos, no aparté la mirada, me quedé literalmente mirándolos a los dos, viendo sus caras sonrientes. Aunque en mi cabeza solo quería salir corriendo y esconderme en una cueva para siempre.

Estas cosas que arrastras durante décadas son lentas de cambiar y muy desesperantes, pero cada pequeño paso cuenta y te lleva infinitamente más lejos que nunca. Un reto es una oportunidad dentro de una oportunidad, porque decidir romperlo o cambiarlo es tan valioso como seguir en él, cuando eres consciente de porqué.

 

Hayas decidido tener propósitos para este año o no

Te animo a que pruebes cosas nuevas o no tan nuevas. Que experimentes, que cuides de ese cuerpo que es tu verdadero hogar y que confíes en tu intuición. La brújula interna que te dice si algo vale para ti o no.

Tener retos es importante y positivo para tu evolución, pero eres tú quien dicta los límites porque eres tú quien siente lo que tu cuerpo hace. Diga lo que diga un maestro, gurú, líder, o lo que sea. Confía en ti y en tu capacidad para aprender de todo lo que te pase o de lo que provoques.

Y cuando en unos meses llegue “el día del biquini final”, espero ser como mucho la segunda persona que te quiera tal y como eres (me gustaría que la primera seas tú).

 

¿Has tenido alguna experiencia similar?

¿Tienes alguna resolución para tu cuerpo este 2016?

 

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6 Comentarios en “La indisciplina del Amor Propio
  1. Encarna dice:

    Hola Amelia,me identifico mucho con tus sensaciones y experiencias, aun siendo unos años mayor,también he pasado por sensaciones de invasión y falta absoluta de sensibilidad en pos de una práctica como Yoga u otras a la par qu escuchaba :hay que dejarse sentir ,no forzar es importante ,etc. No sabes lo que me alegra esa capacidad de escucharte y sacudir lo que no es tuyo ni para ti,ánimo,no es fácil pero si extremadamente satisfactorio y el mayor respeto a una misma.Un abrazo también para ti.Y gracias .

    • Amelia Mirón dice:

      ¡Bienvenida Encarna!

      Estoy contigo, es sumamente satisfactorio dar esos pequeños pasitos (porque los míos son minúsculos) para respetarnos delante de otros. Pero quiero decirte que es igual de satisfactorio encontrar a personas como tú, que se hacen esas preguntas y que siguen buscando respuestas, me hace sentirme de verdad abrazada por la vida.

      Muchas gracias por compartir tu camino conmigo
      ¡Un abrazo! 😀

  2. Valentina dice:

    Hola Amelia, yo también como pilar he descubierto tu blog a través de Oye Deb, y me he leído este post con muchísimo interés. Primero me siento super identificada con este “ser buena” siempre y a toda costa. Me ha costado años reconocerlo y muchas decepciones. Y sobre tu experiencia con el yoga, pues siento mucho que hayas tenido solo malas experiencias. Yo al contrario los 2 profesores que he tenido me han encantado, y soy de la que cree que para profundizar en la práctica es útil tener un profe que sepa llevarte más allá!
    De todas formas tu mensaje es muy poderoso. Me alegra que hay cada vez más personas con ganas de hacer las cosas de una forma distinta!
    Un abrazo!

    • Amelia Mirón dice:

      ¡Bienvenida Valentina!

      En primer lugar acabo de entrar en tu web y me encanta (además adoro Illustrator).
      Es difícil despegarte de la idea de la bondad y qué piensan los demás cuando ha estado tan fundida a ti. A mí me queda mucha batalla con eso (y tendrías que ver de donde vengo), pero siempre hay una pequeña piedra que dejar al otro lado del camino. Gracias por el apoyo, me alegro de que hayas tenido tan buenas experiencias. Sé que antes o después lo encontraré. Mientras soy la persona que necesito tener a mi lado en mi práctica aunque no siempre ha sido así, además de los mentores online que he ido recopilando estos últimos años.

      Muchas gracias por venir y por dejar un poquito de ti. Te sigo!

      Un abrazo!

  3. Pilar dice:

    Acabo de llegar a tu blog desde Oyedebb y esta post me ha dejado en shock, haciéndome reflexionar. Estamos criando una hija que tiene cuatro años y desde que inició el colegio con tres años me viene preocupando su “buenismo”. No sé como explicarlo. Cuando alguien me pregunta por ella, lo primero que me viene a la mente es: “demasiado buena”. Me preocupa de verdad que sienta ya desde tan pequeña ese afán por agradar a todo el mundo: a su profe, a su mami, a sus amiguitas. De verdad, te felicito por este post, y me quedo por aquí, para aprender.

    • Amelia Mirón dice:

      ¡Bienvenida Pilar!

      Me parece siempre bonito ver a una madre tratando de entender el universo de un hijo. Darse cuenta de las cosas es de verdad el primer paso, sé que suena a tópico, pero es así. Ya sabes que los niños son como esponjas y se empapan de todo y quizás podáis ser modelos para ella de que no hacerlo todo bien también está bien. Creo con sinceridad que la mejor manera de influir en los demás es a través de nuestro comportamiento y por eso, además de observarla a ella me observaría a mí y a los demás alrededor. Quizás ella sea más sensible a ciertos mensajes y los coja con mayor facilidad que otros niños.

      Muchas gracias por venir, esta es tu casa, pero aquí yo también aprendo de ti (-:
      Un abrazo!

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