¿Qué te hace Inteligente?

Que te hace inteligente

¿Qué te hace inteligente…

…lo que los demás reconocen en ti, o tu habilidad para comprender y experimentar con lo que te rodea de una forma que tiene sentido para ti?

Este es un tema secretamente temido por la mayoría de nosotras. Nos han hecho una manipulación abierta desde muy pequeñas. En la perfección se han unido ser buena, con ser inteligente, con ser guapa y con ser especial. Pero a la misma vez nos han dicho que hay que obedecer, ser conformista, hacer lo que hacen los demás alrededor tuyo y vivir la vida que te marquen desde fuera.

Lo que nos han dicho

Nos han dicho y nos siguen insistiendo en que tenemos que mejorar nuestros “defectos”, ocultarlos, y gastar nuestra energía en compensar esas áreas de nuestra persona que no cumplen con la norma externa. En entrenar nuestras debilidades en una especie de campamento militar, en lugar de descubrir y explotar nuestras maravillosas virtudes y habilidades.

Nos siguen tratando como si todos fuéramos iguales, como si todos debiéramos hacer las cosas de la misma manera y vivir una vida similar. Y cuando caemos en este abismo hacemos lo mismo con otras personas: juzgamos sus salidas de la norma, sus intentos de ser fieles a sí mismas y vivimos con resentimiento.

Nos han enseñado a ser dependientes de lo externo a nosotros, a que si no nos valoran por fuera un determinado tipo de don, de habilidad, de curiosidad particular, no merece la pena que perdamos nuestro tiempo en ello.

Y sin embargo, toda la gente que ha destacado en la historia de la humanidad lo ha hecho porque se ha centrado en sus fortalezas, no porque haya estado tratando de agradar al mundo, de suplir debilidades o de esperar a que alguien los apruebe.

Cómo hemos usado la inteligencia

La inteligencia se ha usado en el colegio como una única medida para comparar, ridiculizar y exagerar diferencias entre compañeros, alumnos, y por extensión, hermanos, amigos y familiares. Es posible que no hubiese esa intención directa, pero la falta de plan más allá de poner una etiqueta/número a cada niño no ha dejado más consecuencias que esas.

Ha sido una manera insensible de encasillar y arruinar vidas de personas que podrían haber sido lo que quisieran si no fuera por sentencias como:

“No vale, es un inútil”

“Es un vago, no le da la gana”

“No vale para estudiar y como lo único importante es tener estudios para demostrar su valía, no vale para nada”

“Tener estudios es lo único que te va a servir en la vida”

Lo triste es que nos lo hemos creído. Nos han enseñado a no aprender por el placer de conocer, por la curiosidad de encontrar algo nuevo, sino para competir, para que nuestros padres no se avergüencen/enfaden o para evitar el castigo social de no tener notas altas o una carrera. En definitiva, para demostrar nuestro valor. Y esto no es aprender, esto es domesticarse, pasar por el aro y aceptar no ser libre.

Cotidianamente, la medida de la inteligencia depende de lo que aprobamos, valoramos y reconocemos en nosotras mismas y en el mundo, tomándonos como medida de los demás, como antes hicieron con nosotras.

Y así también demostramos nuestra inteligencia: decidiendo quién es inteligente y quién no lo es, y hasta pisándolo como demostración, si es posible.

Pero… ¿qué pasa si no hay una sola inteligencia? ¿qué pasa si esto es algo interno y de cada uno, en lugar de externo y general?

Una historia

Voy a contarte mi historia personal para intentar explicar lo que quiero que te lleves hoy de aquí: que no existe ninguna necesidad de compararte con nadie absolutamente y que desprendiéndote de lo que no te sirve dejas el espacio perfecto para tu propia genialidad.

Cuando era pequeña, como a la mayoría de vosotras, en más de una ocasión me pasaron un test de inteligencia en el colegio. Serían unas 3 o 4 veces, y tengo que confesar algo que nunca he reconocido abiertamente: me encantaban.

Cuando llegaba el tutor y decía “Hoy vais a hacer un test de inteligencia”, yo por dentro estaba de fiesta. Mientras muchos de mis compañeros apretaban los dientes y soltaban un suspiro tenso, yo estaba preparada para pasar el mejor rato de todo el curso.

¿Es que yo era más inteligente que los demás? Según la medida que se hacía entonces y que, bueno, se sigue haciendo pero con menos rigidez y relevancia, sí lo era. Pero, ¿qué quiere decir eso? Pues que casualmente esos tests daban prioridad suprema a mis fortalezas, a mis inteligencias primaria y secundaria: la visual-espacial y la lógico-matemática, pero nada más.

Es cierto que ambas te permiten llegar a razonamientos más abstractos y complejos, pero me parece ingenuo y simplista creer y hacer creer a los demás que eso es lo único que hay, haciéndolo el molde para todas las personas.

Esas puntuaciones tan anheladas por muchos no me solucionaron nada, solo pusieron más peso sobre mis hombros, ya que los responsables de pasar los tests y demás adultos se limitaron a señalarme con el dedo por no estar haciendo mágicamente lo que se esperaba de mí. Nadie me dijo cómo, nadie me enseñó a confiar en mi propia inteligencia, me seguían diciendo que debía obedecer ciegamente las órdenes, que no debía fiarme de mí misma porque yo no sabía nada de nada. Pero a la vez, me exigían resultados constantemente, como la gallina de los huevos de oro.

Aquellas expectativas no eran las mías y si alguna vez había tenido alguna, desapareció para intentar contentar a otros. La situación real daba igual, aunque tuviera problemas con mis compañeros, fuera objeto de bullying y en realidad mis intereses fueran por otro lado, daba igual, lo único importante era el boletín escolar.

Me obligaban a memorizar cosas, pero mi cabeza no funcionaba así, lo descubrí muchos años después. Yo necesitaba encontrarle la lógica y el sentido, necesitaba abstraerme y crear un marco, un mapa sobre el que organizar el conocimiento y mi propia manera de expresarlo. Pero esa imposición del bien y del mal y de la rígida plantilla que me aplicaban constantemente penalizaban mi forma de ser y me dejaba petrificada, bloqueada y con una sensación de completa estupidez que no podía sacudirme de encima nunca. Terminé etiquetada de vaga y mediocre y fui una decepción.

Reconocer los obstáculos

Aunque es cierto que me han enseñado a ignorar mis habilidades e inquietudes para tratar de cumplir y encajar, no puedo negar que ha llegado un día en el que mi único obstáculo he sido yo. Cierto es que yo no pedí que me influyesen de esa forma, pero a día de hoy soy yo la única que tiene la responsabilidad y la capacidad para tomar las riendas, las quiera o no.

Es una decisión intencionada. No es fácil apostarlo todo por ti cuando llevas mucho tiempo danzando al ritmo de otros, pero como es ya habitual en este blog vuelvo a preguntarte: ¿te arrepentirás de no haberlo hecho? ¿estarás orgullosa de haber hecho lo que otros esperaban o te decían que debías hacer?

Por si te ha quedado alguna duda

Quiero que sepas que sea cual sea tu especial cóctel, toda tu eres inteligente, eres fruto de una evolución precisa y poderosa que ha permitido que llegues aquí. Si tienes dudas de ti en algún momento es porque se han filtrado esos mensajes en tu cabeza, ha habido personas en tu vida que no han tenido habilidad o que no han sabido cómo tratarte porque a ellos mismos los trataron así.

Por eso te animo a venir al blog la semana que viene para descubrir cuáles son tus Inteligencias, tus Súper Poderes. ¡Te espero!

Ser incondicional a ti misma es… conocer cuáles son tus inteligencias y usarlas en cada cosa que hagas, la vida cambia de color cuando lo haces y tú brillas con más intensidad.

¿Cuál es tu historia?

¿Qué ideas de tu cabeza están obstaculizando que sientas de verdad que tienes capacidades únicas?

¿Hay algo en lo que te hayas esforzado toda tu vida por demostrar pero que sigue sin salir solo y sin esfuerzo?

¿Hay algo que hayas dejado de lado para dedicarte, esforzarte y sacrificarte en otra cosa porque te han apoyado/orientado para ello?

¿Cuáles crees que son tus tesoros? Si tienes dudas la semana que viene te ayudo a descubrirlas 🙂

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2 Comentarios en “¿Qué te hace Inteligente?
  1. Marga dice:

    Ame, agradezco tu apertura de corazón y confianza en los que te leemos.
    Como siempre haces reflexionar sobre puntos que aunque resulten incómodos al principio..te acaban dando mucha luz y tranquilidad a ciertos campos..y me parece interesantísimo el aprender a valorar nuestras fortalezas como lo más inteligente que podemos hacer, hablando de inteligencia 😉
    Y sobre eso..en mi caso pienso que siempre he intentado ser una chica despierta, extrovertida y práctica..cuando siento que soy una soñadora abstraída, introvertida y apasionada..por eso trabajo en emociones, ya sea haciendo terapias o dibujos 🙂

    • Ame dice:

      Hola Marga!

      Me gusta como te has definido, creo que más que censurarnos a nosotros mismos por no estar haciendo algo “importante” o haber llegado al punto de saber qué queremos, tenemos la oportunidad de observarlo todo: lo que creíamos ser y lo que en realidad, cuando nos paramos, somos…

      Muchas gracias a ti por estar siempre ahí y por ser una cheerleader incondicional 😉

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