La espinosa verdad detrás de todas nuestras relaciones

La espinosa verdad detras de nuestras relaciones Incondicionalmente. "Mientras nuestro amor a nosotros mismos sea temporal y provocado solo por desencadenantes externos, entonces todas nuestras relaciones y toda nuestra felicidad será también temporal. [...] Todo el amor empieza desde dentro" —The Love Mindset, Vironika Tugaleva. incondicionalmente lovemindsetbook

La forma en que te relacionas con el mundo refleja cómo te relacionas contigo.

Lo que dices a otros, lo que piensas de ellos, lo rígida o no rígida que eres con lo que hacen, en qué te fijas, qué buscas en ellos, … TODO está relacionado contigo.

La realidad es un flujo inmenso y constante de estímulos que no podemos manejar. Nos quedaríamos paralizadas si pudiéramos sentirlo y verlo todo. Necesitamos simplificar. El filtro es nuestra experiencia y esa construcción que vamos haciendo pedazo a pedazo de ella.

La realidad también la heredamos y parcheamos. De bebés dependemos absolutamente de nuestros padres y familia y ellos van amueblando nuestras cabezas hasta extremos que parecen imposibles. Ser madre es una responsabilidad imposible y llena de valentía precisamente por eso.

Nuestra relación con otros depende de qué pensamos de nosotras, de qué nos decimos al oído mientras estamos en el mundo. Nuestras elecciones de pareja o de amistad también dependen de ello.

“Mientras nuestro amor a nosotros mismos sea temporal y provocado solo por desencadenantes externos, todas nuestras relaciones y toda nuestra felicidad será también temporal. […] Todo el amor empieza desde dentro”

—The Love Mindset, Vironika Tugaleva.

Todas mis relaciones han reflejado mi relación conmigo.

Mirando atrás puedo ver mi trayectoria conmigo misma y cómo ha cambiado a través de mis relaciones con otras personas cuando yo he cambiado, sobretodo en las de pareja. Voy a saltarme la parte de casa porque no estoy preparada para abordarla y esto sería una locura muy aburrida de post.

Puedo hablar de 3 relaciones de pareja.

La primera fue sobre los 16.

Estaba muy perdida, sentía que el mundo me odiaba y veo ahora claramente cuánto me odiaba a mí misma. Estaba absolutamente desconectada de mí. En aquel momento quería morirme. No entendía qué estaba haciendo, quién era yo y el día a día me parecía raro y absurdo. Sentía literalmente cómo cada hora caía más y más en el fondo de un pozo oscuro.

Él me quería y me dijo cosas con el corazón que no pude soportar escuchar de mí misma. No merecía que alguien así pudiera quererme. Le hice daño echandole de mi vida. Yo me odiaba tanto que no podía soportar estar con él. Estaba convencida de que lo intoxicaría y terminaría siendo tan despreciable como yo y no podía soportarlo. Nunca me lo he perdonado del todo.

La segunda fue sobre los 21.

Por miedo a volver a vivir el bullying del colegio, en la Universidad traté por todos los medios de no ser más que lo que adivinara que otros esperaban de mí. No siempre lo conseguía (casi nunca). Estaba en alerta constante por miedo a ser desenmascarada como persona odiable. Probablemente me odiaba aún más que antes, pero no tener tantas normas, encontrarme con gente nueva y dejar de ir al infierno de colegio entretenían mis lodos negros. La idea de que estar sola me exponía a ser aún más fracasada seguía cociéndose por dentro.

Así que la primera vez que alguien me mostró el mínimo interés me enganché. Y eso también lo hice con mi segunda pareja. Quise ver lo que no había, ignoré todas las señales de que aquella persona solo quería controlarme, le quité importancia a las palabras hirientes, a las críticas, a los desprecios, a los celos y a los gestos. Me empeñé en que necesitaba aquella relación. Era un castigo por sentirme despreciable y una especie de escudo contra el mundo. Duró 4 años y medio hasta que empecé a quitarme la venda de los ojos.

Un psicólogo, que terminó siendo mi mentor, me habló un día de la idea de necesidad y de que no era lo mismo querer estar con alguien que necesitar estar con alguien. Parece de Barrio Sésamo, pero no lo era. Al día siguiente hubo un clic en mi cabeza y muy muy lentamente la nube mental fue despejándose. Había perdido a mis amigas, pero hacia el final de la carrera empecé a conectar con otra gente y empecé a separarme y a escuchar los gritos de mi interior que decían corre lo más lejos que puedas. Como nunca había confiado en mí no sabía interpretarlo.

Hasta que no pasaron dos años no se formaron las palabras en mi mente: maltrato psicológico. Entonces empecé a tener pesadillas. En aquellos 4 años y medio mi cuerpo me había hablado de muchas formas y yo estaba tan aterrada que no podía escuchar nada. Tuve un insomnio salvaje durante más de dos años y mucha gente pensó que tenía anorexia nerviosa porque, aunque comía más que antes, lo quemaba todo en mis noches en vela.

Estuve sola una temporada.

Corrijo: estuve conmigo una temporada. Al principio fue horrible, estaba totalmente confusa, perdida, rota en mil pedazos. Cogí mi libertad y desesperada, tomé varias malas decisiones mientras purgaba toneladas de basura que llevaba dentro. Empecé a disfrutar de estar conmigo aunque me quedaba mucho por recorrer.

Un día me encontré a varios compañeros del colegio, de la poca gente noble que conocí allí, y mi mente empezó a recordar algo que había olvidado. Recordé lo que sentí con 14 años al ver bajar las escaleras a aquél chico nuevo, cuando algo por dentro dijo “Ese”. Juro que no me lo invento, nunca he sido de creer en el destino y a día de hoy me parece insultante decirle a nadie que tiene a su media naranja buscándole por ahí. Pero puedo decir sin ningún interés en explicar porqué, que mi brújula en aquél momento dijo esta persona es para mí. Me obsesione con él. A sus ojos yo debía ser un bicho rarísimo, un manojo de nervios que no parecía saber hablar.

Estos recuerdos me llevaron un día de mayo a buscarlo en google. Mi brújula seguía marcando en esa dirección. Claro que, se basaba en un recuerdo… Encontré una web con su nombre. Había una dirección de correo. Me tuve que levantar de la silla, me puse a hacer otras cosas. Volví a sentarme y en mi cabeza solo se leía en neón:

Sabes que vas a escribir un email.

Escribí lo que parecía una disculpa por interrumpir su vida. Dando por hecho que terminaría en la papelera de reciclaje, y entre escalofríos, le dí a enviar. Por dentro tenía una lucha entre lo que quería y lo que temía. No dormí muy bien. Al día siguiente había una respuesta y una cadena de coincidencias inexplicables y sorprendentes que me dejaron con la boca abierta: se venía a vivir a mi ciudad en unas semanas. Quedamos un mes y pico después. Me preocupaba descubrir que no sentía nada después de tantos años. Pero tras la rareza del primer momento pasamos horas y horas hablando que se sintieron como segundos. Quería agradar, pero me sorprendí dando mi opinión y siendo la versión más segura que había tenido hasta el momento, nunca.

Me ha llevado y me seguirá llevando años confiar más y más en mis sensaciones, en mi brújula, pero esta es la historia que tengo que contar sobre cómo ella tiene razón y yo me equivoco cuando la ignoro, fuerzo y sigo a pies juntillas los pensamientos que se me pasan por la cabeza.

La última continúa desde los 27.

Desde aquél día apenas nos hemos vuelto a separar. Nuestra relación no es perfecta. Dentro de todos estos años juntos he tenido mis crisis, todas han tenido que ver con ese odio oculto que me he tenido durante años y que sigo encontrándome de frente y trabajándome. Por desgracia también tengo que lidiar con reacciones que tomé prestadas de mi segunda relación y de las que no estoy para nada orgullosa. Pero tengo una apreciación de mi misma muy diferente, soy más consciente. El no es perfecto, pero mi brújula sigue diciendo que este sí.

La más traumática de mis relaciones ha sido la mía conmigo.

A día de hoy antes de que otro me insulte, me manipule o me controle, soy yo la que lo hace conmigo y la que ha buscado esas relaciones románticas o de amistad en las que el otro es el dueño.

Si no puedo elegir o no puedo enamorarme de alguien con quien tener una relación de respeto mutuo es porque yo no me lo tengo. Creemos que no tenemos ningún control sobre nuestras emociones y lo que he entendido finalmente este año pasado es que son reflejo de lo que nos ocurre por dentro.

No es mi objetivo ventilar mis trapos sucios hoy, te cuento esto desde mi vulnerabilidad porque quiero darte la mano para reflexionar sobre las relaciones que tienes en tu vida. Para que las mires como un reflejo tuyo y te hagas preguntas.

Las personas de nuestra vida también traen su parte a la relación, pero con su parte no podemos hacer más que decir sí, no o quizás hablar con ellos. Cambiar, lo único que podemos cambiar es lo nuestro y el cambio no viene de “la fuerza de voluntad”, ni de “la autoestima“, ni de la suerte. El cambio viene de la consciencia, de la comprensión y del perdón a una misma. Al menos es lo que yo he aprendido.

Quiero agradecer

Todo este post ha sido provocado por el programa de la semana pasada de Salvados, donde Marina Marroquí hablaba de su experiencia con el maltrato de una forma valiente, sincera y con una actitud tan generosa que me ha hecho sincerarme mucho más conmigo. Muchas gracias a Marina, a Jordi y al equipo de Salvados.

 

Y tú…

Si quiero sentirme mejor es el momento de hacerme las preguntas adecuadas y atreverme a responderlas:

¿Cómo me quiero sentir en esta vida? ¿Qué significa eso? ¿Por qué? ¿Por qué no me siento así? ¿Dónde lo estoy buscando? ¿Qué patrones estoy repitiendo?

Todos los dias es San ValentinSi crees que Todos los días es San Valentín.

Si piensas que estás en el momento de empezar a mirar hacia dentro y quieres sentirte acompañada, te animo a que vengas a la Love Tribe que hemos creado en Español aquí.

Poco a poco se están sumando personas con mucha inquietud, caminando en su despertar, a su ritmo. Solo necesitas una cuenta de Facebook.

Te estamos esperando siempre que lo necesites.

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10 Comentarios en “La espinosa verdad detrás de todas nuestras relaciones
  1. Para mí siempre ha estado claro que las relaciones, todas las relaciones, que tenemos con los demás, sean amorosas, de trabajo o de amistad; solo son el reflejo de la relación que tenemos con nosotros mismos.

    No querernos, no respetarnos y no tener una autoestima fuerte, solo pueden traer como resultado relaciones chungas.

    Sé que este comentario no aporta nada nuevo, pero me gustaría que pensarais seriamente cuál es el motivo por el que tenéis pareja. ¿Amor hacia el otro o simple dependencia?

    Me ha gustado tu entrada Amelia, tu historia se parece mucho a la mía, y aunque mi vida en pareja es ahora muy feliz, la relación que tengo conmigo misma pasa por muchos altibajos.

    Tenemos muchas cosas que trabajar todavía.

    Un abrazo

    • Amelia Mirón dice:

      ¡Hola Mónica!

      Me alegro de que hayas desarrollado una relación mejor contigo misma. Creo que es la relación más compleja, más difícil y sin embargo la más reconfortante de la vida. Gracias por venir y acompañarme. Llegaremos lejos 😉

      Un abrazo

  2. Cigi dice:

    Hola Ame,

    Gracias por compartir tu historia. Me siento identificada con lo que cuentas aunque no sean exactamente las cosas que me han pasado a mí, si me he sentido y me siento de esa manera en muchas ocasiones.

    • Amelia Mirón dice:

      ¡Bienvenida Cigi!

      Muchas gracias por tu comprensión y empatía. Ser consciente para mí es el principio y el final de cada obstáculo que me he encontrado y me seguiré encontrando, pero se hace aún más bonito con personas como tú.

      ¡Un abrazo enorme!

  3. Lou dice:

    Ame preciosa,
    muchas gracias por presentarte de este modo tan transparente, por hacer este gesto de vulnerabilidad a veces tan necesario.
    Lo de la media naranja yo tampoco lo creo pero yo también viví ese “este es” con mi chico y estamos juntos desde el mismo día que nos conocimos (literal).
    Un abrazo enorme y feliz semana!
    Lou

    • Amelia Mirón dice:

      Gracias a ti Lou por leerlo y por entender lo necesaria que es la vulnerabilidad, hace falta serlo para poder verlo en otros, ¿verdad?

      Cosas curiosas que una siente. A mí me parece más interesante hablar de tu intuición, de tu niña interior o de tu brújula porque me parece mucho menos impersonal que el destino etc. Es algo que todos podemos conectar o ignorar toda la vida.

      Un besazo y gran semana!

  4. Esti dice:

    Has tenido muchas relaciones complicadas y como bien dices la primera y más importante contigo misma. No puedo más que decirte que mostrar todo esto en público me parece muy valiente por tu parte y a mi cómo a ti el programa de Salvados de la semana pasada me impresionó pero me pareció también muy necesario para que las mujeres maltratadas dejen de sentirse mal por lo que han sufrido.
    ¡un abrazo!

    • Amelia Mirón dice:

      Muchas gracias Esti por tu comprensión. Pensaba que me daría más apuro hacerlo, pero he llegado al punto contrario, me da más apuro no compartir algo que puede servir a otras personas para replantearse lo que no quieren en su vida.

      ¡Un abrazo grande!

  5. lola dice:

    VALIENTE Amelia, abrazos.

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