Ahora es tu oportunidad

Ahora es tu oportunidad

Siempre hay otra oportunidad, al menos mientras puedas vivir otro día, u otro minuto. En realidad no necesitas nada más, nadie. Sólo una nueva oportunidad para hacerlo al fin, atreverte, decidirte, mover ficha.

¿Y por qué no hacerlo? Al fin y al cabo cualquiera estaría de acuerdo en que el “mejor momento es ahora”. Es decir, quitarle la carga opresiva que tiene en ti tu pasado, y el futuro por venir, y moverte ahora porque es lo único que tienes. No cuentas con nada más, sólo éste instante para…lo que quieras.

Son ideas con las que mucha gente puede casar, pero que por lo general no se tienen muy “presentes”. Y es que es muy difícil, ¿verdad? Te levantas, trabajas, sigues trabajando, haces alguna gestión y algo más tarde te acuestas. Pero eso es “bueno”, porque ni dudas ni te planteas nada. Sólo sigues, y estás orgullosa porque eres fuerte como para llevar una vida dura y a veces desagradable.

Día tras día, agotada, con una conciencia adormecida, aferrándote a la rutina que te permite seguir con este plan de vida sin mayores preocupaciones que seguir básicamente igual, no sea que amenace un cambio y tu seguridad se tambalee.

Escribo esto con decisión, porque sé bien de lo que hablo. No hace más de dos años tenía un plan para mi vida, bastante lineal y predecible…Pero, algo ocurrió, tuve que detenerme, a la fuerza, es cierto. No fue una iluminación, ni mi voluntad desbordante. Me pararon.

De repente el diagnóstico de una grave enfermedad me arrojó a la realidad más básica e ineludible, a una escala de valores absolutamente clara, donde lo secundario en un instante se desintegró ante mis ojos.

Este cambio de realidad obviamente tuvo muchas ventajas, pero una de ellas fue especialmente reveladora para mí. Una idea, que no aparece en los telediarios o en la mayoría de conversaciones espontáneas de la gente que me rodea por la ciudad… Era un planteamiento tan nuevo y alejado de lo que conocía que pensé que era una locura y que me equivocaba, y que los que estaban en lo cierto eran TODOS los demás, la sociedad entera.

Pero, sabes qué? No, comprendí que no me equivocaba: la elección correcta era siempre…hacer sólo y exclusivamente lo que me hiciera sentirme bien a mí. No tenía sentido hacer ninguna otra cosa (respetando siempre los derechos y el bienestar de los demás, desde luego).

Y esto es así porque en última instancia estamos todos solos.. No solos como algo negativo y desesperante, sino como individualidad. Tú y tu consecuencia. Tú y nadie más que tú estás en ti, y nadie sabe mejor que tú de ti, ni siente en sus células tus dolores o alegrías. Nadie está en tu piel, para cargar con tus problemas o saborear tus victorias. Nadie te dará 24 horas de su existencia por prolongar tu vida. Lo que pierdes es únicamente tuyo, y no vuelve. ¿Quién sabe lo que sientes cuando te acarician o cuando te das un golpe en la espinilla? La familia, los amigos, la pareja, son un apoyo muy agradable que los que tienen suerte pueden disfrutar, pero lo esencial, querida tú, eres tú.

Por tanto, decidiré yo misma qué, cuándo, dónde, y un sinfín de detalles más. Todos en realidad deberíamos obrar de esa manera. A nadie ha de ofenderle.

 

Así que:

¿Que disfruto enormemente cerrando los ojos y sintiendo el sol en mi cara? ¿Que no deseo volver a trabajar en ese tedioso puesto y quiero intentar medios diferentes para financiar mis meriendas en los sitios más golosos con mis amigas? ¿Que hoy me apetece quedarme en casa leyendo mientras muchos hacen la ruta de los sábadonoches?… Pues sí. Nada es más válido que esto, y ya sabes, si te gustó, no cuenta como error. Sólo sería un error si lo hicieras y no disfrutaras de ello.

Ahora bien, a partir de ese momento en que te dediques a escucharte, serás “peligrosa” para la sociedad. El pensamiento propio puede hacer divergir tu camino del “camino” ya trazado para todos. Pero sabes? Esa es la mejor parte de todas 😉

La verdad es que esto fue un descubrimiento esencial para mí, pero no fue lo único que me hizo aflojar la venda que tan apretada llevaba atada en la nuca. Fue una gran revelación, pero no la mayor:

Dicen que al vivir situaciones que ponen en riesgo tus seguridades básicas, el orden de tus prioridades cambia. Siempre lo había oído. Y así sucedió.

Una mañana, en un momento en que sentí el inmenso alivio de saber que no había recaído en mi enfermedad, una frase de tres palabras acudió a mi mente:

NO HAY MÁS

Esas tres palabras me dicen que NO HAY MÁS IMPORTANTE QUE ESTAR VIVA, y si estás SANA, mejor que mejor. Porque salvando estos dos objetivos, ¿qué hay de realmente importante? ¿Un examen, una discusión con la pareja, un grano, el embrague roto, madrugar, el miedo..? Miedo… ¿a qué? No hay más. Y así me lo repito día tras día siempre que me empiezo a sentir hundida por una situación, y de repente, un suspiro de alivio hincha y refresca mis pulmones. Ya me estaba perdiendo por donde no era…

De manera que, desde entonces, esas palabras se han convertido en mi máxima, mi eje, mi vela al viento y brújula.

Porque al sentir su efecto, vuelves a ver con luz clara y acogedora. Una bruma de ensueño pero que es más real que todo lo que veías antes. La vida es dulce, y puede ser tan sencilla… ya que lo es.

Y en este momento empiezas a pensar en lo que quieres. Y comienzas a hacer tímidos acercamientos hacia lo que te hace sentirte bien, completa, inspirada, auténtica y en paz.

Y al fin lo has hecho: te estás dando otra oportunidad. Porque no hay mejor momento que éste, y no hay nada, ni nadie más que tú.

Marga De Murcia
Psicóloga & Creativa |

Marga De Murcia vive aprendiendo y aprende viviendo.
Hace dos años la vida la sorprendió y decidió dejar un trabajo que no la llenaba para dedicarse a sus dos pasiones. La psicología infantil y la expresión creativa, que explora desde la fotografía, la pintura, trabajos manuales, la vida lenta...

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2 Comentarios en “Ahora es tu oportunidad
  1. lola dice:

    Gracias Amelia por tu generosidad al presentarnos a Marga, que supone un soplo de aire fresco en la cotidianidad de nuestra vida,y que no hay más!!!, gracias a las dos.

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