No nos queda tiempo para tonterías

No podría explicarte ni con palabras, ni con fotos, ni con hechos, cuánto ha cambiado mi vida estos meses.
Cuánto he cambiado yo.

Siempre he creído que tenía que conseguirlo todo sola, ha sido mi experiencia. Y que además, por mi mediocridad, no llegaría a ningún sitio. Pero, una vez que he soltado el mayor lastre de mi vida, mi historia de bullying, las consecuencias que han llegado han sido sobrecogedoras.

No se han cumplido todas las cosas que hubiera querido. Me he dado cuenta de porqué. Todavía estaba esperando que personas para las que no termino de significar mucho cambiaran con respecto a mí. Por mi adicción/terror al rechazo. Y eso probablemente no va a cambiar. Y si lo hace no será porque yo esté pendiente de agradar o hacer un gran favor cada 5 minutos. No me ha funcionado los últimos 30 años, ya puedo bajarme de ese burro por fin.

Cuando se habla de sueños hoy en día, se habla de crear negocios, tener cosas, estilos de vida, proyecciones de éxito que muchas veces no terminan de ser lo que creíamos…

Mi sueño no era ser importante, famosa, no era ser una profesional de éxito o una artista solicitada. Mi sueño era ser reconocida y vista. Lo ha sido toda mi vida. Y aunque me confundía y llegaba a creer que necesitaba el reconocimiento y la aprobación de cualquier persona, me he dado cuenta de que no “necesitaba” que fueran tantas personas. Solo las extremadamente relevantes. Y eso lo he conseguido. Ya no lo iba buscando, o más bien no lo esperaba.

Hace casi dos meses recibí la carta más bonita que se ha escrito nunca. No exagero nada en absoluto. Una carta en el presente que ha hecho de bálsamo sobre muchas heridas del pasado. Tuve que esperar un mes para volver a leerla porque me emocioné mucho la primera vez y no sabía ni cómo empezar a asimilarla. No puedo leer dos líneas sin llorar. Por esa carta ha merecido la pena todo.

Por eso…

No nos queda tiempo para tonterías

Lo digo en serio.

No queda tiempo para no decir las cosas y no conectar con las personas con las que necesitamos hacerlo. Si no te ha funcionado algo durante años probablemente no te va a funcionar ahora ni el mes que viene.

No es fácil, lo sé. Pero es que quedarnos donde estamos tampoco lo es. Creemos que por la costumbre o por la comodidad de lo conocido estamos mejor que arriesgándonos ahí fuera pero… ¿de verdad lo estamos?

¿A qué estamos esperando para darnos un abrazo y decirnos que nos queremos? ¿Crees que se sobreentiende? ¿Crees que puedes decir lo mismo comprando cosas o teniendo “detalles”? ¿Necesitamos el dinero de por medio para ser humanos?

Yo creo que mientras vamos dejando todo eso del cariño y el amor para después, cuando las cosas estén mejor, cuando la vida nos lo ponga en bandeja o el otro dé el primer paso y nos lo haga fácil… vamos deshumanizándonos, alejándonos, acostumbrándonos a posponerlo todo. Todo lo esencial. Lo grande.

Dejamos que la tele, internet, la tecnología, los productos nos hagan de intermediarios. Comprando cariño, demostraciones de cariño, midiendo el cariño de los demás a través de la etiqueta del precio, del número de cosas que recibimos y damos, me gustas.

Cuando nacemos somos la expresión del amor. Suena cursi, pero sígueme. Estamos presentes, interactuamos con el mundo y no usamos ningún tipo de filtro ni de intermediario. Somos y punto.

Los adultos que nos acogen ya están manipulados. Funcionan en ese sistema pervertido en el que todo es un intercambio de valor. Donde le compro algo a mi sobrino/nieto/hijo para demostrar que lo quiero, para que me quiera, para que no piense que es menos importante. Siempre lleva asociado algo a cambio. Somos ciegos a esto porque no nos paramos a pensar, porque tenemos miedo a sentir en este momento y ver que algo no está bien. Porque no podemos dejar que el otro sea libre, “necesitamos” controlar.

El amor no es limitado, solo el concepto que tenemos de él lo es. Si creemos que tenemos que comprar cosas para expresarlo estamos reduciéndolo infinitamente.

No necesitamos intermediarios. Ni tu ni yo.

Si necesitamos decir algo, digámoslo ya. O empecemos a dar los pequeños pasos. Sin regañar, sin vengar, solo hablemos de nuestra experiencia, de lo que ha sido X para nosotras. Y dejemos que fluya…

Hasta después de verano

Más o menos.

Se aproximan cambios en mi vida y todavía tengo que especificar la siguiente fase para este blog. Escribo casi todos los días lo que se me pasa por la cabeza, me hago preguntas, me las vuelvo a hacer al día siguiente y al otro. Estoy recopilando información de la fuente (yo). Después la analizaré y tomaré decisiones.

No quiero saltar a la primera o la quinta idea fantástica que tenga para luego perder fuelle porque en realidad me daba miedo no decidirme nunca y he cogido lo que me parecía más fácil. No. Tendrá coherencia conmigo y será pequeño o grande según deba ser. Las respuestas sé que ya las tengo dentro. Solo tengo que seguir escuchando…

 

Te deseo un buen verano (o invierno si estás al otro lado (-:) y que te regales escucharte.


Nadie sabe mejor que tú qué necesitas.

Publicado en Blog Etiquetado con: ,
6 Comentarios en “No nos queda tiempo para tonterías
  1. Rocío dice:

    Una vez más, GRACIAS. Ni te imaginas lo que me has ayudado con cada reflexión…
    Te deseo lo mejor, de corazón, porque te lo mereces.
    Besos

    • Amelia Mirón dice:

      Muchas gracias Rocío!

      Me alegro de que podamos ir de la mano en algunas partes de nuestros caminos.
      A veces olvido lo cerca que estamos todas y te agradezco de corazón tus palabras.
      Que tengas un bonito verano
      Un besazo!

  2. Clau Avilés dice:

    Feliz verano! Se te va a extrañar. Me alegro mucho por todo lo que se ha ido acomodando. Y gracias por ésta reflexión. Un beso.

  3. Rut dice:

    Feliz verano Ame!! Me ha encantado el post 😉

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*