Paciencia vs aprobación

Hoy tocaba hablar de mis experiencias como adicta a la aprobación de los demás. En el último Correo Incondicional, la semana pasada, lo presenté como el tema de este mes. Pero esta semana... #incondicionalmente #paciencia #aprobaciondelosdemas #adicciones #espacio #reto

Hoy tocaba hablar de mis experiencias como adicta a la aprobación de los demás. En el último Correo Incondicional, la semana pasada, lo presenté como el tema de este mes. Pero esta semana mi ciclo biológico se acortó y me pilló sin preparar, así que estoy escribiéndote desde cero el sábado por la tarde. Acabo de descubrir que no me inquieta tanto meter la pata, veremos que piensas tú ahora cuando lo leas.

Otras veces me habría liado la manta a la cabeza y habría forzado el cuerpo a la silla, a la pantalla, toda la semana. Habría echado muchas horas inútiles tratando de luchar mi mente de ameba. Y mi cuerpo lo habría acusado con la espalda arqueada y rígida, con insomnio y los nervios a flor de piel.

Pero ésta vez no ha sido así.

No lo ha sido porque me prometí que este mes mi reto personal sería ser paciente conmigo, no meterme prisa, darme tiempo, dame espacio, darme lo que necesito. Mi cuerpo pedía tranquilidad, desconexión de las redes. Pedía estar en horizontal. Pedía hacer algo totalmente libre de controles mentales, sin objetivos. Así que nada de blog, nada de tareas pendientes, nada de colada, nada de calentarme la cabeza con qué comer, nada de hacerme sentir culpable por no estar haciéndolo TODO.

Como caída del cielo me llegó esta noticia que se publicaba en el país economía: Una empresa británica planea dar días libres por menstruación. Algo está cambiando lentamente en el mundo occidental, y desde luego que la imagen que tenemos de nosotras mismas está mutando por fin. Acompañar mi biología en lugar de controlarla podría ser mi reto de esta década o mucho más.

Me he pasado dos días enteros diciendo a cada ocurrencia de mi mente:

Sí, pero hoy no. Esta semana no.

Incluso cuando es posible que no lo vaya a hacer después, no era el momento de discutir con ella. Era el momento de crear espacio, de mantener la calma, de cuidarme. Y la verdad es que no, no ha pasado nada. Ni me siento más vaga, ni menos eficiente. De hecho me sorprende que me estoy sintiendo más eficiente, por poder parar cuando es necesario.

La mayoría de las veces no-hacer se me hace más difícil que hacer.

Esa quietud, ese quedarte parada y oír el rumor de tu mente diciéndote… “vaya, ¿no vas a hacer X, Y y Z? pues esto va a ser el principio del fin, la catástrofe, la gente te va a odiar, vas a ser un fracaso y nada de lo que hagas tendrá valor porque has estado dos días parada sin tener una enfermedad completamente incapacitante, es decir, sin justificación.”

A veces los retos que parecen más sosos, menos grandiosos o más sencillos son los más duros, porque cuando los vas desmigando dan lugar a montañas de posibilidades. El tema de la impaciencia me dio de frente mientras hacía mi reto de febrero: empezar por lo que me encanta cada día y de paso participar en un reto creativo.

Aunque me di tiempo para disfrutar de lo que hacía, a la hora de hacer una foto y subirla a Instagram para compartir mis progresos no tenía paciencia ninguna. Era como “venga ya, da igual si es de noche y la luz de mi lámpara es demasiado fuerte, si prefiero la luz natural, si ahora mismo no tengo la cámara con batería o si podría haber hecho la foto de otra forma”.

Perfeccionismo aparte, mi problema es que a la hora de terminar algo suelo dar carpetazo rápido porque me preocupa qué vaya a pensar la gente y mi forma totalmente absurda de lidiar con ello es hacerme la loca y cumplir sin más subiendo la foto. Es un ejemplo simplón pero me pasa constantemente. Cierto es que me va bien para el perfeccionismo, porque subir algo que no me convence pues me ayuda a quitarle importancia. Pero en mi caso estoy evitando yo misma darle importancia a algo que me importa por si los demás se dan cuenta y bueno, pues se burlan, lo ningunean, desprecian o simplemente lo ignoran. Ya lo ninguneo yo primero, lo piso y lo subo haciéndome un poco la loca, no-vaya-a-ser-que.

Mi falta de paciencia conmigo es entonces un desprecio que me hago y está relacionado con la aprobación de los demás. Me aterra no tenerla porque siempre he vivido por y para ella y por eso, aunque muchas veces me salgo de tiesto, estoy siempre conteniendo el aire. Hasta cuando hago fotos de mi sobrina me noto después que llevo un rato aguantando porque estoy alerta, no vaya a ser que a alguien le parezca mal la foto que he hecho, cómo la he hecho, dónde me he puesto, etc.

Este enfrentamiento o relación tóxica entre el tema del que quiero que hablemos este mes y mi reto personal no estaba planeado. Dar importancia a uno supone quitársela al otro, por lo que para mí son opuestos. Este mes pinta interesante…

Y tú:

¿Tienes algún reto este mes? ¿Cómo llevas la aprobación de los demás?

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6 Comentarios en “Paciencia vs aprobación
  1. Mendigando amor, querida Amelia.

    Siempre esperando que los demás nos valoren para ser conscientes de nuestro propio valor. Pero eso tampoco sirve, porque si fuera así personas como Marilyn o Amy o Kurt o Janis; no se hubieran ido.

    De nada sirve que los demás te consideren el rey del mundo si tú crees que eres basura. Y eso es lo que hemos de trabajar. Nada que venga de fuera nos puede ayudar en este sentido.

    Un abrazo, guapa.

    • Amelia Mirón dice:

      Así dicho suena tan simple… pero la realidad es que no lo es para nada. Hace tiempo yo misma era de sentencias y verdades absolutas y ahora sin embargo, hasta las cosas que pienso, escribo y comparto me parecen parciales en cuanto a que son mi experiencia y no tienen porque servirle a otra persona. En el fondo podemos vivir las mismas cosas, ver o no ver los mismos caminos pero somos tan complejos y la realidad tan personal que por mucho que tu y yo estemos hablando de lo mismo, la forma puede hacer que llame la atención a unos y no a otros, que despierte curiosidad a alguien o asco en otro, que ponga a la defensiva a mucha gente o empodere a unos pocos.

      Por eso, aunque estoy de acuerdo con esto que dices “Nada que venga de fuera nos puede ayudar en este sentido”, no creo que tenga derecho a decirle a nadie que debe hacerlo o no hacerlo, porque entonces yo soy otra cosa de fuera que le está diciendo qué hacer. Y es probable que caiga en eso en este blog más de lo que soy capaz de ver, pero la intención la tengo puesta en no hacerlo y por eso me llamó la atención tu comentario.

      Te agradezco mucho que vengas y te expreses y espero que no te siente mal lo que te digo aquí pero no he podido evitarlo y no quiero sentir que me estoy guardando algo que veo, aún a riesgo de equivocarme.

      Un abrazo grande Mónica

  2. Cuánta verdad en una entrada. Me siento muy identificada, demasiado incluso. Es importante darse importancia y darse espacio.

    • Amelia Mirón dice:

      ¡Bienvenida!

      Muchas gracias por tus palabras. Ya sabes que me gusta mucho como escribes, me gusta tu blog porque me resulta familiar y cercano a mis entrañas 🙂

      Es un placer tenerte por aquí.

      ¡Un abrazo!

  3. Alfonso dice:

    Cómo te entiendo Amelia.
    Cuanto tiempo haciendo las cosas para que los demás las aprueben, mirando la reacción de los demás por el rabillo del ojo.
    Cuanto tiempo actuando más pensando en los demás que en lo que me interesaba a mi.
    Cuanto tiempo silenciando mi interior.
    Cuanto tiempo queriendo que los demás me quieran.

    • Amelia Mirón dice:

      Le has dado de lleno Alfonso: “Cuanto tiempo queriendo que los demás me quieran”.
      Aprendí dolorosamente el pasado año que esa es la gran verdad detrás de casi todos los miedos, adicciones, maltratos y dolores en general… Creo que es un gran hallazgo y el primer paso para reivindicar tu propia vida. Reconocer que en algún momento pensaste, creíste o concluiste que tenías carencia del amor de otros.
      Yo aún estoy ahí, pero he empezado a probarme que es erróneo, que nadie puede darme algo que ya tengo 😉

      Gracias por compartir tu experiencia. ¡Un abrazo grande!

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