Ser negativa no te protege de nada

Ser negativa, ser supersticiosa para tratar de controlar la realidad que te rodea, es más habitual de lo que puede parecernos.

No me preguntes porqué, pero cuando era pequeña y veía alguna enfermedad en la tele o cualquier tragedia, pensaba para dentro {mientras me encogía de hombros con lástima} que eso seguro que me pasaría a mí. Era una manera de protegerme o blindarme contra esa posibilidad siniestra o temible. En algún momento antes había llegado a la conclusión de que cuando pensaba en algo nunca se cumplía, cuando deseaba que ocurriera algo ocurría incluso lo contrario, y que en realidad nada bueno podía pasarme a mí. Era una especie de frase ritual, que me protegía como un conjuro aunque además me hacía pensar en mí como algo lastimero.

A lo largo de mi vida me he encontrado a muchas personas que han expresado algo similar, que han comentado que tenían la certeza de que la mala suerte estaba sobre ellos, o que tenían miedo de que si sus verdaderos deseos quedaban expresados jamás se cumplirían.

Con el paso de los años no he mantenido totalmente esta manera de funcionar pero han quedado en mi cabeza restos fósiles de estos mensajes dañinos, esta forma de pensar en negativo que me ha tenido en guardia por lo que pudiera pasar, por si acaso…

Ya he hablado de miedo anteriormente, y de cómo podemos plantearlo, pero a veces quedan chinas en el zapato tan grandes y molestas como esta de la que te hablo hoy.

Pensar en que las cosas “seguramente van a salirme mal” puede parecer como una buena estrategia cuando crees que “así cuando salen bien… pues eso que te llevas y no te ilusionas tontamente”. Pero es ingenuo, porque estás convencida de que no tienen ningún otro efecto secundario, y yo descubrí un día que no era cierto para nada:

Pensar en negativo te previene en realidad de conseguir las cosas que verdaderamente quieres, de tener las experiencias que necesitas y de vivir la vida en libertad.

Pensar en negativo no te permite disfrutar de las cosas maravillosas que te pasan. Te quedas en las sombras y ocultas al universo tus verdaderos deseos, de hecho tratas de no pensar en ellos, de no concretarlos, no vaya a ser que de alguna manera se te escapen y dejen de poder cumplirse. Pero es precisamente la falta de concreción, la falta de objetivo verdadero, la falta de intención lo que hace que el GPS no funcione y termines dando vueltas en círculo. Pero claro, como a ti no te va a pasar nada bueno, queda todo explicado, controlado y lo peor de todo, asumido.

Es peligroso pensar que lo que sea que anhelas no se va a cumplir. Porque solo con esa “tontería” de pensamiento ya has metido una interferencia enorme que dice que en realidad tú no quieres que eso se cumpla. Además, si pensar que no va a ocurrir lo que quieres también evita que ocurra, entonces no tienes nada en absoluto que perder, ¿no?

Es duro muchas veces poner sobre la mesa lo que deseas porque tienes miedo de que ese sueño quede hecho jirones; y crees en el fondo que sería horrible e insoportable. Pero la única salida que tienes es sacar ese deseo, y seguidamente sacar también tu miedo para comprobarlo, comprobar realmente si es tan probable como crees. Quizás no puedas comprobarlo al completo porque implica muchos pasos intermedios, pero es posible que puedas considerar parte del mismo. Sacar lo que te acecha a diario y ponerle nombre te pone los pies en la tierra y hace más asumible el camino.

En lugar de estar segura de tu mala suerte, tienes la opción de elegir creer en tu suerte, tener confianza en que estamos aquí para cumplir con un propósito y que dentro de este vasto universo hay un gran espacio para ti.

Cuando te has pasado la vida con esta especie de “pata de conejo” mental es difícil salir a la calle sin ella, te sientes un poco desnuda y vulnerable, y muchas veces sin darte cuenta se te ha colado y está otra vez al volante. Pero darte margen para pensar en aquello que quieres, no solo te permite acercate a ello, sino también te provoca para desarrollar esas ideas, evolucionarlas, expandirlas y llegar aún más lejos.

Aunque es cierto, lo que piensas ahora mismo que quieres, si lo dejas crecer, nunca va a llegar a ser exactamente lo que esperabas desde este momento, necesariamente va a transformarse en algo diferente. Pero te aseguro que, en ese futuro no tan lejano, vas a adorar cada minuto del camino, y vas a considerar el resultado infinitamente mejor que aquella idea rígida y algo abstracta que tenías… justo ahora.

Y tú…

¿Alguna vez has creído que si piensas lo contrario de lo que realmente quieres te proteges de no conseguirlo?

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4 Comentarios en “Ser negativa no te protege de nada
  1. ¡Hola Ame!

    En mi caso, a lo largo de mi adolescencia fui cultivando una malsana costumbre: Cada vez que pensaba en algo que tenía que hacer, mi mente se dedicaba a prepararme para lo peor. “Vas a ir, y te va a pasar esto y lo otro tan horrible, y te va a ir todo mal, y se van a reír de ti, etc. etc.) Lo cierto es que era una especie de protección inconsciente. La teoría básica era tremendamente simple: Si pensaba en lo peor, cuando luego ocurriera algo, muy probablemente sería menos malo que lo que yo había pensado.

    Efectivamente, así sucedía, pero el efecto secundario es que cuanto más ponía en práctica esta extraña técnica, más miedo le iba cogiendo a todo lo que me rodeaba. Al final, acababan por aterrarme cosas bastante ridículas, situaciones sociales de lo más tranquilas, acciones de lo más simples… Todo en mi vida fue haciéndose malo y triste. Incluso cosas que hoy pienso y no les veo el menor problema, para mi en su momento fueron cosas horribles que me afectaban en lo más profundo. Me había sugestionado a mi mismo. Hasta lo normal era malo y todo me iba mal, a mi forma de ver. Mi sistema no parecía surtir efecto.

    Por suerte, un día decidí cambiar de golpe, a modo de experimento. Decidí pensar en todas las cosas buenas que me iban a pasar antes de lanzarme a hacer algo. Pensé: Total, si mi sistema de preveer lo malo no funciona y todo me va mal, con éste no me va a ir peor. En realidad, a la larga las cosas ni fueron mejor ni fueron peor. Pero mi espíritu vivió más calmado, más optimista, más feliz. Y así sigo hasta hoy. El optimismo es una de mis principales bazas hoy por hoy. Y que mis amistades me llamen optimista es una de las cosas de las que más orgulloso me siento.

    Seguiré tu blog con gran interés. Me han gustado mucho tus reflexiones y no he podido evitar trasladarte los sentimientos que han despertado estas en mi.

    El más cordial de los saludos,
    Eduardo Duque
    http://extraordinarios.net

    • Ame dice:

      ¡Hola Eduardo!

      En primer lugar te felicito por haber conseguido apropiarte de esa mentalidad optimista y haber doblegado al miedo, como bien sabes no es cosa fácil.

      Te agradezco tu franqueza y el que hayas compartido una historia tan personal y ejemplar. Y el resultado no necesita debate: “Pero mi espíritu vivió más calmado, más optimista, más feliz. Y así sigo hasta hoy”, ¿qué más se puede pedir?

      Gracias por entrar a leer, aquí tienes un sitio cuando quieras.

      Y mucha suerte con tu proyecto {le he echado un ojo y tiene muy buena pinta}
      Hasta pronto 🙂

  2. Ali dice:

    Un artículo muy interesante, Ame. Muchas gracias por compartir tus reflexiones.

    En mi caso, pasé catorce años de mi vida dentro de una rueda que giraba y giraba sin cesar porque yo misma no le ponía fin. Había interiorizado de tal manera el dolor que no me daba la oportunidad a mí misma de sentir otras emociones mucho más positivas (hablo de esto en mi artículo “Metamorfosis: Cómo convertir el dolor en algo positivo” http://creciendoentremochilas.com/2014/05/23/metamorfosis-como-convertir-el-dolor-en-algo-positivo/).

    Como dices, está puramente en nuestras manos el reconocer aquello que no está limitando, sea lo que sea, para poder afrontarlo, abrir el paso y crear nuevos caminos hacia nuestro bienestar personal.

    Ahora uno de mis lemas es una reflexión de cosecha propia: “si caminas sonriendo a la vida desde el alma y desde el corazón, la vida encontrará la manera de sonreírte a ti”. Y creer en ello me ha ayudado muchísimo.

    ¿Confío? Claro que confío. Yo sostengo las riendas de mi propia vida y, aunque me ha costado mucho tiempo y mucho dolor aprenderlo, al final lo he conseguido y desde aquí animo a tus lectores a que intenten cambiar y eliminar de sus vidas aquello que no les hace bien. Si no lo hacéis vosotros, ¿quién lo va a hacer?

    Un fuerte abrazo.

    Ali

    • Ame dice:

      Hola Ali!

      Es un verdadero honor tenerte por aquí. Me identifico enormemente con tus palabras: “Había interiorizado de tal manera el dolor que no me daba la oportunidad a mí misma de sentir otras emociones mucho más positivas”, he estado ahí y he sido yo misma la que no lo ha soltado.

      Me emociona leer el relato de alguien que ha cogido las riendas de su vida y ha decidido aprender todos los días a confiar, a salir fuera y a cambiar lo que no le gusta.

      Muchas gracias a ti, seguiré tus andanzas 🙂
      Un abrazo
      Ame

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