¿Tienes prisa?

Lo reconozco, llevo demasiado tiempo corriendo detrás y delante de TODO…

Sé que a ti te pasa o te ha pasado lo mismo en algún momento. Casi sin darte cuenta llega un día en el que ves tu cabeza inundada de mensajes pendientes sobre lo que deberías estar haciendo, lo que ya tenías que haber conseguido y lo que no estás haciendo ahora mismo.

En realidad, más que prisa o más que “rápido, rápido” lo que me escucho decirme es “más, más, más” y “mejor, mucho mejor”: Tengo que hacer más, tendría que tener más, tendría que haber conseguido más, deberían haberme dado más, tendría que hacerlo mejor,… No es suficiententemente bueno. Nunca es suficiente…

Durante años me he atosigado para llegar a algún sitio que no tengo muy claro dónde está o si realmente quiero llegar allí.

Estos intentos compulsivos por saltar o casi teletransportarme hacia adelante, y por correr y estar en la meta antes de empezar, solo me han ayudado a bloquearme y estancarme, me han hecho perder el tiempo y me han dejado terriblemente infeliz.

Yo solía decir aquello de que funciono mejor bajo presión. Pero esto solo es cierto cuando tienes que cumplir con una hoja de navegación ajena, cuando te marcan las pautas rígidamente o apuntas a quedarte con algo más bien mediocre y básico. Porque no dejas lugar alguno para la creatividad, el desarrollo o el intelecto propio. Funciona para salir del paso. Y te deja con las reservas agotadas.

He logrado cosas que son importantes para mí cuando he decidido parar y centrarme en una sola cosa. Vale, me has pillado, la mayoría de esas veces lo ha decidido mi cuerpo por agotamiento o ha sido la vida misma que me lo ha impuesto.

Casi me da vergüenza reconocerlo. He dedicado más tiempo de mi vida a presionarme, a correr delante o detrás del toro, o ir a 100,000 revoluciones por minuto, que a crear las circunstancias justas y necesarias para sacar lo mejor de mí misma.

La necesidad imperiosa de parar el reloj.

Acabo de estar un mes en Oceanía, las antípodas de España, vamos, al otro lado del globo, y he vuelto con la necesidad de procesar muchas cosas que he vivido allí. Por eso estas dos últimas semanas bajé el ritmo, limité mi actividad a lo imprescindible y me observé de cerca. En realidad no tomé una decisión como tal. No reflexioné largamente sobre este tema, eso ya lo he hecho en otras ocasiones y no me ha funcionado. Sencillamente sentí que debía hacerlo así, me lo pedía el cuerpo.

En mi mente tenía sentido. Supongo que por eso no me he sentido culpable, y para mi sorpresa, no he tenido que obligarme, o retarme, o recordármelo constantemente con pequeñas notas o ejercicios de meditación. Lo he sentido como legítimo, mío, y ha salido solo.

No te voy a engañar, no ha sido tan simple y definitivo. Tras dos semanas de recuperación de viaje, de jet lag terrible, de adaptación al poco sol, al frío y al viento del invierno, finalmente sonó un despertador interno, que había estado callado sin acusarme de nada.

Me dijo: Ya está bien, ¿no? Ya va siendo hora de volver, que tienes montañas de cosas por hacer y tenían que estar hechas hace un mes (mientras viajaba, vamos).

Y automáticamente caí en la vieja rutina de forzarme y de sentirme culpable durante un par de días. Aunque esta vez había algo diferente porque no me lo estaba creyendo del todo. No estaba muy convencida de que esa voz tuviera autoridad o verdad en sus palabras.

En el fondo no estaba para nada dispuesta a dejarme llevar otra vez por el torbellino mental, así que al poco tiempo me pregunté: ¿Cuál es el problema? ¿Puedo solucionarlo sin recurrir a horas, días o meses de auto-machaque subliminal, de hacer cosas compulsivamente, de exigirme más de lo que tengo delante o añorar lo que nunca ha sido parte de mi realidad?

Y la respuesta vino sola:

¿Qué prisa tienes Amelia? No tienes porqué correr, ni que sacrificar lo que tienes delante para cuando tengas otra vida, porque tu vida es ahora, tu vida es precisamente AHORA.

sin prisa

Esa prisa ansiosa hace de ti un caos imposible y te pone al borde de tu propia toxicidad:

  • Si vives con prisa no tienes plan, no te organizas nunca porque vas literalmente apagando fuegos, como pollo sin cabeza.
  • Con prisa vas por la vida aguantando la respiración para pasar por tramos que nunca más van a volver. Parece que no quieras vivir ahora, solo recordar posteriormente con amargura y remordimiento. De hecho, respiras peor y la factura la pagas a nivel físico y mental.
  • Vas dejando para luego lo que más te gusta, lo que te inspira, lo que te hace fluir, lo que te hace sentirte tú. Lo sacrificas todo por la urgencia de tener algo ya, algo que demostrar, ¡y rápido!.
  • Estás en tensión, usando tu parte del cerebro más primitiva. Con el modo de supervivencia encendido las 24 horas del día no puedes llegar a desarrollar acciones más creativas, más abstractas y más complejas, las acciones que hacen que te sientas realizada porque se basan en tus talentos, desarrollan tu propósito.
  • Entras en un circuito de insomnio-cansancio-malestar-irritabilidad, aumentando la tensión y la prisa por llegar vete a saber a dónde.

Todo esto me ha forzado a plantearme una gran verdad

Esta prisa constante me ha llevado a no estar organizada nunca. Me ha llevado a creer que resolviendo la última urgencia estoy trabajando al máximo, o a confiar en que cuando mi última crisis pase podré ordenar el cajón desastre que llevo acumulado.

En realidad, la prisa me roba todo el tiempo que tengo para emplearlo en hacer lo que no necesito o para pensar en hacer algo o para preocuparme en lo que tendría que haber sido y no fue… ¿no es absurdo?

Una vez que he sentido en mis carnes que lo que necesito es mucho menos de lo que secretamente creía, he concluido algo que sé que no es nada nuevo. Yo misma lo he escuchado y leído una y mil veces, dicho y escrito de mil formas diferentes, y con experiencias y personas de mil lugares del mundo:

Que el siguiente paso al primero (a empezar), es parar y simplificar: elegir una cosa cada vez + planear con intención y flexibilidad (y no planificar perfectamente).

Por eso, mis dos “mantras” actuales son:

Mi vida es ahora, es ya.

Solo necesito lo que tiene sentido para mí y nada más.

 

No tengo plan o propuesta que ofrecerte ahora mismo

Necesito seguir explorando un poco más y por eso los últimos días he estado revoloteando por Internet para traerte algunos artículos, propuestas y reflexiones muy interesantes:

  • My Wholistic Life, uno de mis más recientes descubrimientos que no me canso de leer. Desde su naturalidad y sencillez te invita a bajar el ritmo.
  • Ser feliz Es Posible, es el blog de una psicóloga con una historia impresionante detrás, a la que no le falta humildad y franqueza. Puedes comprobar cómo todos necesitamos que nos recuerden la importancia de parar y reconocer la sabiduría de nuestro cuerpo.
  • Inevitablemente he empezado a investigar las diferentes formas en que voy a empezar a practicar mi reciente decisión, y en el blog Cosas molonas te lo facilitan con este recopilatorio de imprimibles gratuitos para simplificar, planear y cumplir contigo.
  • Mientras decido cómo voy a simplificar y qué, me voy a quedar con una recomendación muchas veces ya expresada, que me ha recordado hace poco Eva Gías de Nuevas Ideas Nuevos Comienzos: elige solo 3 tareas al día (y enfócate en cada una de ellas).

Y tú:

¿Qué trucos, métodos o mantras tienes para hacer tu vida más fácil y sencilla? 

¿Alguna vez te ha dicho tu cuerpo “¡Basta!”? Y lo más importante, ¿le hiciste caso?

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8 Comentarios en “¿Tienes prisa?
  1. ana dice:

    hola
    gracias por tus aportaciones
    leer tu blog me está ayudando en mi momento actual
    de frenar y respirar y volver a ser una tortuga y no un pollo sin cabeza

    • Amelia Mirón dice:

      ¡Bienvenida Ana!

      Me hace feliz serte útil. Bajar el ritmo hoy en día es muy difícil y se pasa mal (y encima es más un camino que un logro que consigas para siempre). Así que felicítate por estar tomando decisiones positivas para ti. Recuerda que no estás sola y puedes venir cuando quieras.

      Un abrazo!

  2. Nahir dice:

    Bajar el ritmo es complicado y cuando lo bajas es fácil sentir que estas perdiendo el tiempo después de muchos años acelerada… Yo estoy en una etapa nueva aprendiendo a convivir con un ritmo diferente! Un abrazo y muchas gracias por incluirnos en tus recomendaciones, todo un placer! 🙂

    • Ame dice:

      Ohhh Nahir, esas palabras bien podían ser mías: “es fácil sentir que estas perdiendo el tiempo después de muchos años acelerada”.
      Poco a poco dejaré de sentirme así, estoy segura…
      Gracias a vosotras por hacernos la vida más sencilla y llena de color 🙂

  3. Desirée dice:

    Hola Amelia,

    Me ha gustado mucho tu post, es muy sincero. Yo también me sentí como cuentas, incluso ahora, hay días en las que “me meto prisa”… Nosotros mismos nos ponemos unas presiones que no nos hacen ningún bien. Hay que pararse a vivir y sentir más. Aprovechar cada momento y centrarnos en el ahora, que al final es lo único que tenemos.

    Muchas gracias por recomendarme 🙂

    Un beso!

    • Ame dice:

      Hola Desirée!

      Exactamente, es lo único que tenemos, y lo mejor!
      Tenía otra programación para esta semana pero tuve que escribir esto, tenía que sacarlo fuera y ponerme las cartas sobre la mesa…
      Gracias a ti por ese blog tan bonito 🙂
      Un beso

  4. Thanks so much for sharing my post in your round up of links! (And thank goodness for Google translate so that I could read it!)

    • Ame dice:

      Hi Jennifer! I was going to send you a link haha
      I saw your post in Tara Gentile’s fb page a couple of days ago and it was exactly what I needed to read. Thank you for such a thoughtful article! I’ll check your blog from now on, it looks great 🙂

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