Tu libertad empieza por dentro

libertadHacía tiempo que no estábamos inmersos en un viaje más largo, un viaje que nos arrastrara fuera de nuestra pequeña realidad y ahora, tras algo más de tres semanas {7 aviones, 10 barcos, 1 tren, 4 coches, 1 caravana, 2 autobuses, 1 kayak y 7 islas}, y todavía en la parte opuesta de este mundo, se hace difícil recordar la rutina diaria de casa, las expectativas, las tareas pendientes, las fechas señaladas,… la vida diaria.

En Australia y Nueva Zelanda hay en el aire una sensación de libertad absoluta. No en el sentido de hacer constantemente lo que te de la real gana, sino de que no hay tanto juicio, tanta norma social omnipresente, tanta expectativa sobre tu vida. Desde aquí se ve Europa como un corsé, y no lo pienso y siento solo yo, sino muchas personas que nos hemos encontrado por aquí, tanto locales como otros viajeros, que lo han expresado de forma similar en múltiples conversaciones.

Sin embargo en Europa parece que está todo hecho, tenemos esta vasta historia detrás que nos restringe el camino a seguir y sin embargo, por estas tierras lejanas la historia está aún por escribir, por construir y, por la experiencia que estamos teniendo, la tolerancia parece ser una palabra importante dentro de ella. Pero aquí no, aquí no se dan las cosas por sentado, las personas están menos pendientes de lo que haces, de darte su opinión sobre tus decisiones y no hay que seguir un código unificado de vestimenta, de imagen, de experiencia, de forma de expresarse, de pensar y de vivir.

Cuando viajas, es curioso observar cómo tus propios prejuicios se desvanecen y se pierden por el camino, prejuicios que ni sabías que tenías, pensamientos de que tú ya sabes lo que te vas a encontrar, de que ya conoces a la gente y, de repente, en un momento dado, te encuentras una sorpresa detrás de otra.

airbnb_vertical_lockup_webEsta vez hemos usado en varias ocasiones la plataforma Airbnb y ha dado profundidad y calidez a esta experiencia. Airbnb es una forma de bed&breakfast entre particulares, en la que pagas por una habitación en la casa de un anfitrión que puede tomar muy diferentes formas e incluir diferentes servicios como desayuno, wifi,… o recogerte del ferry,…  pero lo más enriquecedor es compartir la vida cotidiana de personas locales, personas que son extremadamente interesantes y que tienen una actitud generosa, abierta y enriquecedora.

Este viaje no habría sido lo mismo sin esta opción. Por un lado por el dinero, si, pero sinceramente, creo que la ganancia real viene del contacto con personas que de otra manera jamás podrías conocer y además de una forma tan personal, que te permite saber de verdad cómo viven, cuales son sus hábitos, qué desayunan, cómo son sus casas, qué hacen, dónde han estado, a qué se dedican y qué les gusta de verdad o qué están deseando hacer próximamente.

Lo que más hemos encontrado ha sido gente que esta haciendo lo que quiere, al precio necesario. Personas que no necesitan tener una vida lujosa, sino tener una buena vida, en la que pueden disfrutar de lo que hay alrededor suyo, de lo que tienen y de lo que hacen, por encima de la cuenta bancaria, por encima del estrés de ir corriendo a todas partes. Uno de nuestros anfitriones, un arquitecto austríaco que lleva media vida en Nueva Zelanda {y no tiene ninguna intención de volver a Austria más que de visita}. Nos contó que llevaba exactamente un año en Airbnb y que no lo hacía por el dinero, porque en realidad no sacaba mucho, que era por la experiencia, por estar en contacto con tanta gente nueva y diferente, por poder conocer otros puntos de vista y otras vidas. Su casa, la había concebido para adaptarse a su jardín, por encima de todo, y representaba la libertad que sentía por poder pintarla del color que le diera la gana sin pensar en qué pensarían los vecinos o si le iban a obligar a cambiarlo.

No puedo imaginar todo esto ocurriendo en Europa, en España: ir a una playa y que la gente no esté pendiente de su imagen constantemente, sino del lugar en el que están, disfrutando como críos de la gran experiencia frente a ellos, sin tener la sensación de que les estén “escaneando”. Y no solo eso, sino que esa sensación la puedas percibir en el aire y te contagie, te mueva a hacer cosas que normalmente no harías {como hacer yoga en mitad de la playa, o sentarte donde sea a mirar el mar, o una montaña o las nubes} y soltar el tiempo y dejarlo fluir.

Por otro lado, estoy siendo consciente de que esta especie de queja mía encubierta no deja de ser nuestra forma de funcionar: quejarnos de que algo no ocurre como quisiéramos y esperar a que el resto del mundo lo haga para poder hacerlo finalmente nosotros mismos. Desear que algo ocurra por arte de magia pero nunca poner los medios o la actitud y jamás dar ese primer paso.

La realidad que vemos no es la realidad que hay, es la que hemos construido en nuestro cerebro con las experiencias que tenemos y el tipo de ideas y de personas a las que estamos expuestos, pero en realidad, somos nosotros los únicos que podemos cambiarlo. Tenemos la opción de seguir lo que nos plantean otros y dejarnos llevar con el piloto automático o crear los medios y las circunstancias para que en nuestro cerebro los límites de lo que creemos posible sean más amplios, más flexibles y más alcanzables. La libertad empieza dentro.

En la mayoría de casos, no necesitas estar en ningún sitio para que otras personas te permitan “ser o hacer” quién eres {excepto circunstancias impuestas como una dictadura}, eres tú la dueña de tu vida, la responsable y usuaria única de tu cerebro y si dejas las opciones que vienen impuestas por defecto jamás llegarás a cumplir con esos deseos escondidos que van quedando más y más sepultados por el camino.

No es fácil al principio, lo sé, porque tu propio cerebro te previene de salirte de lo que ya conoces. Hay una barrera imaginaria franqueando lo conocido y fuera de ella esta la nada, pero cuanto más practiques, cuanto más lo acostumbres a salirse de sus propias fronteras, más fácil te resultará ser flexible, ser independiente y tener más claro quién eres y porqué.

Piensa en una sola cosa que te gustaría poder hacer o probar “algún día” pero que parece haber algún tipo de traba que no te deja poner fecha y ponla por escrito, identifica las barreras, ¿son del lugar donde vives o quizás son tuyas? ¿qué puedes hacer para hacértelo más fácil? ¿cómo puedes dividirlo en pequeños pasos asimilables?

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2 Comentarios en “Tu libertad empieza por dentro
  1. Nahir dice:

    Un viaje increíble! Y la sensación de libertad que describes….que gustazo! Yo también quiero experimentarla! Espero poder algún día viajar a esos países!
    Un abrazo

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