Tú ya lo sabes (que nadie te engañe)

Por fin estamos abandonando un paradigma y estilo de vida donde todo estaba medido por tus títulos, por tu apariencia, por lo que una hoja de papel dice que sabes, haces o vales.

El mundo, incluso el occidental, acepta que somos mucho más, que las limitaciones son las restricciones que asumimos mentalmente y que, en la mayoría de casos, no son reales.

Hoy convivimos con ambas. Fruto de generaciones diferentes, de formas de ver el mundo diferentes y de circunstancias que en muchos sentidos parecen opuestas.

Por eso me provoca seguir oyendo esa frase que me han machacado tantas veces y que ha menospreciado mi experiencia, mi lugar en el mundo y mi aportación. Una frase que creí en su sentido más cuadriculado y excluyente:

La experiencia es un grado

Dicen…

Pues yo voy a decir que  d e p e n d e

Si la experiencia de la que hablamos es:

mimetizar lo que otro, posiblemente un maestro, hace o dice,

hacer, hacer, hacer sin espacio para la propia reflexión,

– llegar, fichar (hacer lo que te dicen) e irte,

escuchar” críticamente con uñas y dientes lo que no es como tú o aceptarlo todo sin más con las manos atadas a la espalda, como si fueras un recipiente inanimado.

Para mí, esto no solo no es un grado, sino que éste tipo de experiencias degradan.

Degradan la forma en que tu cerebro se ejercita porque:

Ignoran tu intuición y sabiduría, que fluyen de ti desde que naces.

– Vas con el piloto automático y no son procesadas como merecen.

Desprecian tu capacidad para crear, transformar lo que tienes delante y expresarte a tu manera.

 

Las experiencias que te dan otro grado, transforman

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Te transforma cuando:

– Estás atenta, en el presente.

Escuchas tanto fuera como dentro. Eres consciente de lo que tiene sentido para ti y de lo que no y cuando algo te confunde le das tiempo para ser procesado o indagas más.

Reflexionas sobre el valor que tiene esa experiencia en tu vida, creando conexiones con todo lo anterior. Ya sea a nivel personal, profesional, vital, hacia otros,…

Eliges y decides qué te sirve, qué debes ignorar porque no es para ti y qué y cómo puedes cambiar lo que se queda entre medias. Para sacar algo que es tuyo, propio, porque viene de tus entrañas y ha sido provocado por una experiencia que es aparentemente externa.

Nos cuesta creer la verdad que ya somos, nuestra propia sabiduría. Nos han dicho desde que nacimos que no sabemos nada, que solo podemos obedecer.

Veo que mi sobrina de 17 meses ya sabe muchas cosas que nosotras hemos perdido. Y que por el bien de la niña que aún llevamos dentro merecemos recuperarlo, dejar de decirle que no y quitarnos la armadura, que además no sirve para nada.

No sé si lo conseguiré o hasta dónde llegaré, pero al menos, voy a seguir intentándolo…

¿Qué harás tú?

 

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2 Comentarios en “Tú ya lo sabes (que nadie te engañe)
  1. Maite dice:

    Llevo la armadura tanto tiempo que se me ha quedado pegada, y cuando intento quitarla es como si nos arrancáramos la piel.
    Como cuando me despego un esparadrapo. si no me veo capaz de aguantar el dolor de hacerlo del tirón, voy poco a poco.
    Pero voy, a veces me parece que demasiado despacio, pero no, es mi camino y lo acepto.
    Gracias por el post,¡ me va a hacer reflexionar mucho! 🙂

    • Amelia Mirón dice:

      ¡Bienvenida Maite!

      Me veo completamente en esa imagen que describes. Me ha costado mucho diferenciar qué soy yo y qué es la expectativa que otros tenían de mí (además de la que yo imaginaba que querían). Yo también he sentido que iba demasiado despacio y me he metido prisa, pero cada vez que lo he hecho ha sido un desastre y al final he terminado volviendo a mi ritmo. La sorpresa me la he llevado cuando “me rindo”, me dejo llevar y avanzo de una forma más orgánica, natural y rica. Mucho menos racional y medida, menos en la cabeza. No sé si me explico (-:

      Un abrazo y gracias a ti por compartir!

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